Gael Gamarra Segovia - 06/07/2026
Hace unas semanas, visité el mk2 Cine Paz de Madrid para ver Kill Bill: The Whole Bloody Affair, que sirvió como apertura de una nueva y fantástica sala con proyector de 70mm. Me prometí a mí mismo no perderme bajo ningún concepto el inminente estreno de La Odisea de Christopher Nolan en esta sala pero, como una suerte de celebración del estreno de esta, esta semana se podrá disfrutar un ciclo limitado de Interstellar, la única (y, con suerte, sólo la primera) película espacial del director y, en mi opinión, la mejor obra de toda su carrera y la que le define como un visionario. Una épica de ciencia ficción de una escala como raramente se ha hecho en la historia del cine, que paradójicamente sólo podría existir gracias a los avances tecnológicos de su década mientras se eleva mucho más alta a estos, en el sentido de que esta es una cinta que jamás envejecerá.
De la técnica poco se puede decir que los incontables galardones que Interstellar tiene a su nombre no digan de por sí. La combinación de visuales y sonido es una de las más inmersivas de la historia de Hollywood, es difícil transmitir visualmente el vacío y expansión del espacio exterior de una manera que te sorprenda a lo largo de una duración entera de 169 minutos. Hoyte van Hoytema es uno de los grandes cinematógrafos modernos, y su trabajo es una de las partes más esenciales de lo que hace a esta película imponer tanto. Sales de la sala con decenas de planos grabados en tu cabeza, e incluso si es tu primera vez viendo la cinta varios de estos ya los conocerás por su masivo impacto cultural. El sonido, que es inseparable de la más que espectacular banda sonora de Hans Zimmer, es mezclado con la intención aparente de hacer crujir tus huesos pero en ningún momento se siente excesivo. Está muy cuidado, y los silencios tienen tanta importancia en la atmósfera de las escenas como los tremendos motores, naves y fuerzas estelares que no podemos ni concebir. A menudo se tacha a Nolan de cineasta ruidoso hasta el cansancio, pero este es un ejemplo de lo detallado e intencional que es su proceso. Es otro aspecto que la banda sonora de los 70mm amplifica a unos niveles que generan un efecto inimitable. Y es que personalmente no concibo acabar la experiencia de Interstellar y no sentirse profundamente conmovido. Siempre intento escribir con cautela, con tal de no generar expectativas exageradas sobre ninguna película, pero este es uno de los casos en los que me es imposible resistirme ante una de las cintas que más me han impactado en toda mi vida.
La negación de Nolan de ceñirse a tendencias de su época o a los clichés de las películas de astronauta es lo que aporta a Interstellar una atemporalidad que la hace tan especial, pero esto también se traduce en muchas líneas de diálogo innegablemente cursis o transparentemente ñoñas (el ejemplo más evidente es la escena en la que el Romilly de David Gyasi le explica al Cooper de McConaughey, un expiloto de la NASA, lo que es un agujero de gusano con un croquis simplista que ha sido parodiado ad nauseam desde el estreno original de la cinta). Al fin y al cabo, esta es una historia sobre cómo el sentimiento del amor hará trascender a la humanidad más allá de la tierra y de las tres dimensiones para salvarnos, siendo este una fuerza interna que nos impulsará a nuestra salvación. Dependiendo de tu perspectiva, a lo mejor esto suena completamente ridículo, y la seriedad con la que la cinta expresa este mensaje no la hace particularmente persuasiva. Por el camino, además, el guion demuestra la incapacidad de los hermanos Nolan de escribir un solo personaje femenino que no dependa de un hombre a su alrededor. Sin embargo, por muy sacarino que le parezca a uno subjetivamente, no se puede acusar en ningún momento a dicho guion de forzar emoción o ser manipulador. Es honesto hasta sacarle los mocos entre sollozos al protagonista, y la relación padre-hija que guía la brújula emotiva es nítidamente un símil a la relación real entre el director y su hija. En cierta manera, la existencia de Interstellar demuestra su mensaje; un hombre amó tanto a su hija que decidió hacer una superproducción de ciencia ficción sólo para ser capaz de expresarlo, y en el camino creó un hito de su género y la cultura popular.
De nuevo, agradezco al mk2 Cine Paz por apostar por estas experiencias que son tan difíciles de encontrar en Madrid y toda España, porque de verdad merece la pena mantener estas salas y estos formatos vivos. Recientemente me he dado cuenta de la sobresaturación de películas en formato IMAX que hemos visto desde alrededor de 2021, y me alegra si tan solo porque, si ese tipo de grabación ha alcanzado un grado de popularidad que incluso los blockbusters más superfluos y faltos de experimentación lo están adoptando, significa que la tecnología se ha normalizado y es considerada solamente una herramienta más del arsenal cinematográfico. Hay una conversación sobre lo preocupante que es la proliferación de pantallas premium por encima de cines normales y cómo esto es malo para la industria en general, pero esto puede convivir con la realidad de que cintas como Interstellar y su uso de IMAX 70mm han sido una revolución para el lenguaje del cine. Eso es otra conversación que tener, y quizás es más apropiada para el estreno próximo de La Odisea.
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