Desde hace un tiempo, la lluvia no deja dormir a Nozomi. Su sonido hace aflorar recuerdos de un pasado que creía olvidado. Y con ellos regresa también el vacío que dejó una madre que desapareció sin dar respuestas.Hasta ahora, la panadería de medianoche había sido su refugio. Pero una noche llegan una mujer en peligro y un hombre dispuesto a protegerla a cualquier precio. Al ayudarlos, Nozomi comprenderá que algunas heridas solo empiezan a sanar cuando dejamos de huir de ellas,
Traducido por Makoto Morinaga
Es la primera vez que leo a Noriko Onuma, pero no será la última. Leyendo la panadería de medianoche. El cerezo, he sentido una calma inusual y al mismo tiempo una zozobra emocional que me ha golpeado en muchas ocasiones.
Noriko Onuma, con una valiente prosa entre aromas, sabores, colores y texturas, nos sacude con temas y conversaciones que pocas veces encuentran un lugar en la literatura japonesa convencional: ser madre soltera, la violencia patriarcal sobre la mujer, las identidades LGTBQ+, la salud mental y las grietas de una sociedad anclada en el tiempo.
La panadería de medianoche ha sido como ese faro en la oscuridad que se enciende para los perdidos, incomprendidos y para las personas que buscan cómo curar sus heridas.
La atmósfera que Miwako y Kurebayashi supieron amasar sigue intacta, latiendo con la misma energía desde que Nozomi se refugiaba allí, mucho antes de que se convirtiese en panadería; siendo este espacio y hogar en la actualidad un lugar perfecto para corazones rotos, memorias olvidadas y personas que buscan encontrar respuestas.
Aunque resulta imposible no dejarte cautivar por todos los personajes de este libro, mis favoritos fueron Sophia e Hiroki, no podría decir los motivos, pero creo que por su forma de pensar, de proteger a Nozomi, por la forma en la que quieren incluso en silencio y con sus secretos...
Es la primera vez que leo sobre Nozomi y esta chica adolescente se robó mi corazón, ya que muchas veces me he sentido como ella: que por no hacer daño, por no querer hablar en voz alta, me he tragado mis propias palabras llegando a un momento en el que todo lo que siento sale por algún sitio. Ella es un personaje complejo y al principio no entendía el motivo por el que no se sentía a gusto buscando a su madre. Ella busca respuestas, pero no las encuentra o no se acuerda.En personajes como Nozomi nos damos cuenta de lo valiosa que es la memoria, recordar y no olvidar, pero a veces, nuestro cuerpo es sabio y necesita protegernos hasta que llegue el momento en el que estemos preparados.
Mientras Saya y Nozomi recorren sus propias sendas en busca de respuestas, la panadería resulta no ser la familia que por la sangre te toca, sino la que tú eliges.La panadería de medianoche no es una novela para leer rápidamente, la historia te pide que saborees cada palabra y cada diálogo; y es que Noriko Onuma es una maestra del diálogo.
Me encanta cuando profundiza en un tema y también cuando todos los personajes se reúnen y empiezan a hablar de cosas alocadas y sin sentido (o con más sentido de lo que pensamos).Me ha llamado la atención que en varias partes de la narración Makoto Morinaga —la cual, gracias a su traducción, hace que las frases y palabras conserven el espíritu de Japón— utilice alguna expresión española que me ha hecho sonreír y me ha gustado mucho. Creo que ha unido en un puente precioso dos países distintos mediante las palabras.
Noriko Onuma entre sus páginas nos hace reflexionar seriamente sobre la maternidad, así como también de los errores que a veces involuntariamente volvemos a repetir, de las palabras que aunque parezca que no afectan duelen como agujas clavadas en el corazón...La panadería es ese lugar con vida que sabe todos los secretos y esconde muchas historias, convirtiéndose en ese personaje silencioso y mágico.Cada vez que los personajes salen de esas cuatro paredes al mundo exterior me siento desprotegida como lectora, ya que sabes que la autora irá desgranando momentos del pasado de algunos personajes, pensamientos crudos, pero cuando regresamos al confort del espacio de trabajo sé que las palabras brotarán y los personajes se entenderán...
Con Saya me ha parecido algo curioso, y es que, siendo la antítesis de Nozomi, al final llegué a sentir no compasión, sino ternura, y me llegó a caer bien, puesto que creo que, como decía antes, todos los personajes en la narración se esconden bajo máscaras que poco a poco se irán resquebrajando.
La autora con su voz valiente nos regala un libro precioso que por momentos se enreda como un rosal con sus espinas y todo, pero incluso con esos pinchazos merece la pena descubrir.
No ha sido una literatura reconfortante ha sido un refugio sanador para el alma en un Tokyo para nada turistico ni convencional.
Un descubrimiento maravilloso que, si bien es verdad que al principio pensé «¿hacia dónde me llevará?», me ha llevado hacia un lugar que, si en realidad existiese, no dudaría en visitar y quedarme.

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