En busca de una vida mejor, Lucila viaja con su hermano Diego desde México para encontrarse con su madre en Madrid, quien lleva ahí ocho años trabajando ilegalmente para mantenerlos. Al llegar, la vida que los espera resulta más dura de lo que imaginaban.
-EN CINES-
Esta película te hace sentir mil emociones duras y crudas, y siento que muchas veces olvidamos que un día nuestra familia, ya sean bisabuelos, abuelos, padres o tíos, fueron inmigrantes. Salieron, como la madre de la protagonista, fuera a buscar oportunidades nuevas, a huir de un país convulso sin nada que ofrecer y para que sus hijos el día de mañana fuesen algo. Así que Ceniza en la boca pondrá a muchas personas frente a un espejo que no quieren mirar o no se atreven. Emigrar no es fácil y la gente que viene no lo hace para quitar puestos de trabajo a nadie; es más, muchas de las personas que vienen a España están más preparadas que muchas de las personas que están, y eso tampoco se quiere ver o escuchar.
La actuación de Anna Díaz es soberbia, sin fisuras. Esta actriz, con sus actos y sus silencios, golpea fuerte al espectador en la tripa, pero con sus palabras es capaz de arrancarte el corazón.Ella, junto a Adriana Paz (su madre en la ficción), encarna las dos facetas de la inmigración: la del resentimiento y las palabras atoradas en la garganta que luchan por salir. Junto a su hermano encarna la figura del intruso, pero en el fondo no es más que un eslabón frágil, una pieza que se desdibuja y se pierde en el trazo del viaje.
Hay mucha oscuridad en la narración y en toda la película, pero hay personas luminosas que Lucila se encuentra en el camino, que la miran con empatía, con cariño, y la hacen replantearse las cosas de un modo más tranquilo y le dan la paz que tanto añora y busca. Me encanta el personaje de Diego y también me quedé devastada con su final. Sé que cuando te mudas, te cambias a un lugar y no encajas, te pierdes y no encuentras muchas veces la salida, pero al terminar la película pensaba: «¿Y si hubiese hablado con su hermana? ¿Por qué la madre no era consciente de nada de lo que estaba sufriendo y solo vivía para trabajar?».
Creo que es crudo y duro regresar a tus raíces, aunque sea por un periodo corto de tiempo, y darte cuenta de que no eres de ningún sitio, que estás perdida, pero que realmente de lo que habías estado renegando era donde te sentías más segura, y es cuando te das cuenta de las decisiones de tu madre. Ese final abierto, que funciona casi como el propio inicio de Ceniza en la boca, cierra de forma poética y contundente un círculo doloroso.
Me ha costado mucho hacer esta opinión, ya que las palabras se me quedaron atoradas en la garganta y mi mente sabía lo que escribir y no podía hacerlo. Vi la película con un nudo y tensa, pero aplaudí la valentía de Diego Luna de hacer este tipo de cine que te incomoda, que te hace reflexionar...

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