Hace un par de días gracias a Acerca Comunicación , pude adentrarme en el latido flotante de la exposición inmersiva de Euphoria – Art Is in the Air.
El recorrido de esta exposición de 14 salas viene firmado por figuras internacionales tales como Rafael Lozano-Hemmer, Karina Smigla-Bobinski, Hyperstudio, Camille Walala, Philippe Parreno, Nils Völker, A.A. Murakami, Martin Creed, SpY, Alex Schweder, Cloakroom, Quiet Ensemble, Roman Hill, etc. Estos artistas de primer nivel nos hacen ver el arte de muchas maneras posibles.
Por ejemplo, la primera sala puede ser pequeña, puede parecer algo típica, pero empiezas a interactuar de una manera espontánea y te sientes como un niño. Vuelves a recordar momentos de cuando eras más pequeño y la curiosidad se apodera de ti. La siguiente sala es totalmente espontánea. Es decir, entras y dices: «¡Quiero hacer de todo!». De una sala pequeña, que era la anterior, pasas a ver algo más amplio y no sabes a qué lugar dirigirte, pues ya empiezas a sentir esa emoción de «¡esto es lo que me esperaba de este lugar!».
Creo que a partir de la tercera sala tu imaginación se desborda; si empezaste con una sonrisa tímida y desconcertada, ahí empiezas a reírte a carcajadas y a entender el funcionamiento de todo. El aire deja de ser un elemento invisible para convertirse en el verdadero cómplice de tu asombro.
Hay salas contemplativas en las que te quedas ensimismada sin leer en la descripción lo que el artista querrá decir o qué querrá hacerte sentir, pero hay otros lugares que se sienten como refugios, como espacios en los que sentarte, escuchar los latidos de tu corazón y sentirte en paz, con calma. Pero también hay instantes en los que tendrás que elegir si entras o no, si haces esto o aquello. Hubo un lugar en cuestión en el que entré y me sentí extraña. Cuando salí, pude respirar tranquila, y es que en Euphoria – Art Is in the Air las emociones también son parte del recorrido.Empecé con una emoción de incertidumbre, pasé por la de la incredulidad, hasta escucharme y estar tranquila. Gracias a esta exposición inmersiva sacas al niño interior y le das alas para volar, para sentirse más ligero.
A mi parecer, las salas están conectadas entre sí como fragmentos de un mundo peculiar y extraño. Es decir, en un momento dado estás como en el vientre de una madre y te quedas absorta mirando ese lugar, para a continuación escuchar esos latidos del corazón o, simplemente, tirarte de cabeza a recordar la ligereza de cuando eras niña.
¿Es una actividad para hacer en familia? SÍ. En mayúsculas y sin pensarlo dos veces. Es un espacio donde adultos y niños disfrutan por igual, rompiendo la barrera del museo tradicional al interactuar, tocar y fundirse con el arte.
Muchas veces la seriedad del arte y la manera en la que se nos comunica hace que las personas se alejen de los museos convencionales o eviten intentar entender lo que ven, pero aquí me sorprendió la cantidad de personas que se acercaban a leer las descripciones al final. Es decir, querían entrar primero en la sala y luego entender lo que el artista quería decir. Os confieso que en algunas salas la emoción del instante hizo que no leyese nada, pero en otras ocasiones me gustaba entender a dónde iba a entrar.
Al final, lo mejor es dejarse llevar y aprovechar el momento. Sentir cómo interactúan el aire y esas formas geométricas; balones interactivos que rebotan y flotan, invitándote a conectar con tu lado más libre.

.jpeg)


Comentarios
Publicar un comentario
La nueva politica de privacidad donde encontrarás información acerca de comentarios, entradas...https://blog.paseandoamisscultura.com/2010/09/Contactme.html