Gracias a Audible he descubierto a Pilar Ruiz; he disfrutado de la virgen sin cabeza en la voz de Marta Marín, y de el cazador del mar, narrado por Angi Sansón y Roser Batalla.Ambos libros los escuché detenidamente en mi convalecencia visual y fueron unos compañeros perfectos en las noches en blanco.
La verdad es que soy consciente de que los libros tienen caducidad, o es lo que nos han querido vender; pero no soy partidaria de este término y de cómo muchas personas lo acuñan y dicen en voz alta. Me encanta lo atemporal, los libros que han tenido su trayectoria y que, estando enferma, en un momento complicado o jodido de tu vida, los encuentras o ellos te encuentran.
La virgen sin cabeza es un título potente, de esos que piensas: «¿Qué virgen será? ¿Qué ocurrirá?». Y, sin remediarlo, te encuentras escuchando como nunca antes lo habías hecho.
Por mi operación, he aprendido a dejarme llevar por las voces de los narradores, por los sonidos de los pájaros, de la niebla, del viento... Pilar Ruiz, tanto en la virgen sin cabeza como en el cazador del mar, nos ha sumergido en una narración hipnótica en donde los personajes femeninos son grandes protagonistas.
Mar Lanza y su superior son dos mujeres en una profesión de hombres. Dos mujeres que se entienden, que creen la una en la otra y se protegen. Los hombres que revolotean como moscones por la vida de Mar Lanza son de dos clases: los rudos, parcos en palabras, y los que quieren comprarla a cualquier precio/silenciarla. La protagonista no se deja comprar, no se deja avasallar y es una gran justiciera, sobre todo de las mujeres. Tiene demonios personales, y muchos. Aunque nos lo cuenta al lector de manera íntima a través de su mirada al pasado, algunas de las cosas que le sucedieron, y de las que se cree culpable, están ahí.
Mi libro favorito es la virgen sin cabeza. Quizás porque soy una gran amante del cine y este primer libro ha sido como estar presente en pleno rodaje, con un fotógrafo increíble al lado de Mar del que dudas en todo momento, pero con una ambientación que te atrapa y no te deja salir. La autora desplaza el foco de lo salvaje a lo íntimo. En este segundo volumen, la naturaleza es solo el marco; lo que ella realmente se propone explorar es el comportamiento y las sombras del ser humano.
Me encanta el vínculo que tiene la protagonista con el mar y como en los momentos de dudas, de preocupaciones, de tensiones o de decisiones recurre al mar y al deporte para tener perspectiva o para calmarse.
Me resulta fascinante cómo Pilar Ruiz retrata en ambos libros a una red de protección masculina: hombres de otra generación que, por respeto al pasado, cuidan y auxilian a Mar con una naturalidad absoluta, sin cuestionar sus motivos, aunque algunos de ellos sean huraños, malhumorados y tediosos, pero al final se les coge cariño.
Una inspectora con sus propias reglas y con un instinto natural para detectar mentiras, para desenmarañar incluso el caso más oscuro e indescifrable. Está siempre atenta a detalles minúsculos que para otros pasan desapercibidos.
A través de los ojos de Mar, recorremos una Cantabria mágica, donde el paisaje se funde con la trama de manera magistral.
Creo que Mar Lanza hace algo con las personas o la adoran o la odian, no hay termino medio. Me encantaría seguir leyendo más sobre este personaje y algún caso más. También me encantaría ver cómo esa armadura cede por fin ante alguien.
Que su nuevo compañero, ese que en la segunda entrega se movía con la precisión de un autómata, siga desafiando las expectativas y sorprendiendo. Hay algo magnético en ver a un personaje 'imperturbable' perder el control o mostrar una vulnerabilidad que nadie creía posible.
La autora, a través de casos que cobran una vida propia y vibrante, es capaz de hurgar en heridas abiertas, señalando verdades que a menudo preferimos ignorar en la actualidad y en la sociedad actual.

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