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Creada en 2009 por María Cabal (@miss_cultura), esta web se consolidó como un referente cultural durante más de una década. En 2018, decidí renovar la web por completo y darle un nuevo nombre para reflejar con mayor claridad mi pasión por la cultura en todas sus facetas. Aquí encontrarás un espacio dedicado a nuestra pasión por la cultura, con reseñas honestas y respetuosas de libros, películas y series (entre otras cosas), entrevistas a autores y artistas, crónicas de eventos y mucho más. Colaboramos con editoriales, productoras e instituciones para ofrecerte lo mejor del panorama cultural. Hace algunos años se unió al equipo como administradora Inés Díaz Arriero aportando su visión fresca, original y su amor por la LIJ. Gael Gamarra Segovia, comunicador y analista de cine; con su visión, busca ofrecer a la audiencia una mirada amplia, humana y, ante todo, auténtica sobre el séptimo arte. Todo lo que hacemos es por amor al arte y a la cultura. ¡Gracias por acompañarnos en este viaje!

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Hablamos con Miluka Suriñach, Guillermo Carrasco y Carlos Martín-Peñasco ('Las toreras')


Las toreras se podrá ver en NAVE 73 los días 26,27 y 28 de junio a las 19h

ENTRADAS 



 - INTÉRPRETES -

 

1. La obra de “Las Toreras” empieza con una imagen poderosa: la de vosotros dos, Guillermo Carrasco y Miluka Suriñach, con unas cabezas de toro saludando como lo haría un torero. Es un gesto que humaniza a este animal; sin embargo, está hecho por un humano. ¿Cómo lograr hacer algo tan humano en algo tan potente visualmente? ¿Teníais pensada esta primera imagen desde el inicio para empezar la obra?

GUILLE: Muchas de las imágenes más potentes no estaban planeadas desde el inicio, sino que aparecieron casi por accidente, dentro del propio proceso. Recuerdo que Carlos nos pidió que lleváramos objetos a los ensayos y uno de los que mencionó fue un árbol de Navidad. Me pareció algo tan random que yo también empecé a buscar cosas extrañas por casa, y ahí aparecieron esas máscaras de vaca. Las llevamos sin pensar demasiado en lo que podían significar y, al final, acabaron ocupando un lugar central dentro de la pieza. Porque en una plaza de toros lo esperado es encontrarse un toro, no una vaca. Poco a poco esa máscara fue personificando muchas cosas dentro de la obra, especialmente la figura de la madre, que atraviesa toda la pieza de una manera muy profunda.

La imagen inicial nació improvisando en los ensayos y después, al ordenar todo el material, entendimos que tenía muchísima fuerza. Hay algo en esas máscaras que impacta muchísimo: son objetos muy reconocibles, casi cotidianos, y aun así siguen produciendo extrañeza. Creo que precisamente ahí está su potencia.


2. Os ponéis frente al micrófono con esas cabezas de toro haciéndoos, Guillermo y tú, preguntas. ¿Cuál es la más difícil que os habéis hecho al crear la obra y al llevarla al escenario?

GUILLE: Para mí, una de las preguntas más difíciles durante el proceso ha sido entender qué quería contar realmente con esta pieza. ¿Por qué es necesario hacer esta obra? ¿Qué necesidad tiene existir y ser mostrada? Creo que esa duda atravesó todo el proceso. Vivimos un momento de mucha sobreproducción y de exceso de discursos. Y a veces siento que, precisamente por eso, las palabras empiezan a perder fuerza. Nos perdemos dentro de ellas. Entonces la pregunta era también cómo volver a contar algo desde un lugar verdadero.

MILUKA: Para mí, la pregunta más difícil ha sido responder si me siento toro o torera. La esencia misma de la obra. De hecho, no fue hasta el final de los ensayos cuando entendí la pregunta y también la respuesta. No fue una pieza que cayera fácil. La pregunta me pedía adentrarme de forma profunda, humilde y sincera en mi propia biografía.

3. La Grande de Tomares y el Niño de Blanca son otros protagonistas de la obra “Las Toreras”. Ella se siente vieja con 44 años. ¿Cómo se han integrado esta vivencia, entre otras muchas que aparecen tan crudas, en el guion de la obra?

MILUKA: Con humildad, con toda la humildad que mi ego me permite. En mi caso he vivido una sucesión constante de “fracasos amorosos” en los que me he creído a veces muy torera y a veces muy toro. Con mis 44 años y mi melancolía siempre sentada al lado, gracias a ‘’Las Toreras’’ he podido hacer una incursión en mis amores y he querido compartirlo en voz alta. Aparte de actriz, soy payasa y creo fielmente que la mierda es muy fértil. Con ‘’Las Toreras’’ deseo poner a todas mis relaciones en un altar.

4. En la obra vemos cómo el Niño de la Blanca se pone frente a varios espejos grandes mientras se desnuda ante el espectador. ¿Cómo fue el proceso de selección de este objeto y otros que aparecen en escena? ¿De qué manera trabajasteis para que no fueran simples adornos, sino parte de esa estética y emocionalidad que buscaba la pieza?

GUILLE: Óscar Salobral ha sido una parte fundamental de ‘’Las Toreras’’. Muchos de los objetos que aparecen en escena nacen también de conversaciones y búsquedas compartidas con él. Por ejemplo, Carlos tuvo la intuición de llevar la plaza de toros al escenario a través del burladero (una palabra que, si te paras a pensar, es potentísima). Óscar fue un paso más allá: empezó a preguntarse cómo hacer que el público no solo mirara la pieza, sino que también formara parte de ella.

Hay algo muy potente en el papel que desempeñan los espejos dentro de la pieza: reflejan constantemente lo que está ocurriendo en escena y lo devuelven al público, casi como si la luz rebotara hacia ellos. En un momento de tanta vulnerabilidad y tanta exposición, los espejos hacen que quien mira también se vea implicado, que pueda reconocerse ahí y hacerse las mismas preguntas.

5. Hay algunos momentos en la obra en los que las palabras son sustituidas por la música, por vosotros dos utilizando el cuerpo para contar lo que sentís, lo que queréis decir con la voz y no os sale. ¿Cómo fue trabajar ese silencio unido?

GUILLE: El silencio en el contexto de la plaza de toros tiene una carga muy concreta: siempre ha estado asociado a la tensión, a la tragedia, incluso a la muerte. Y eso atraviesa también la obra. Nos hemos dejado impregnar por todo ese imaginario, pero intentando dar un paso más allá y entrar en la poética que aparece cuando todo eso se sostiene en escena sin necesidad de explicarse.

MILUKA: Muy liberador. El cuerpo me ayuda a transitar lo más animal, sutil y bravo de mí. En

los ensayos, trabajando al toro, pude encarnar sensaciones que nunca había sentido. Vivir lo que en mi vida cotidiana no puedo vivir es lo que me hace amar el teatro. Poder sentirme toro por unos instantes. Ojalá sea capaz de volver a sentir esa sensación en escena.

En ‘’Las Toreras’’ también se habla de la muerte, y creo que bailarla en silencio es una buena forma de sentirla.

- DIRECTOR -

 

1. Como director de "Las Toreras" ¿Cómo fue generar ese diálogo y esa tensión en algunos momentos jugando con la luz de la obra y los personajes?

Al crear la obra a través de la combinación de dramaturgia escrita por Miluka y Guillermo y la escritura a pie de escenario -a partir de las improvisaciones que iban surgiendo en los ensayos-, desde la dirección traté de estar atento y al servicio de lo que iba pidiendo la propia obra, de cómo las escenas dialogaban entre sí y qué elementos del toreo nos servían para contar las diferentes historias que ponemos sobre la mesa. En cuanto a los personajes, a parte de crear dos alter ego para la actriz y el actor (matadora y novillero, respectivamente), creamos un plantel de secundarios tomando los distintos roles que habitan una plaza de toros: banderilleros, picadores, el presidente de la corrida, o las espectadoras.


2. Los toreros utilizan su cuerpo de una manera muy precisa y casi como si fuese un ritual. ¿Cómo ha sido el trabajo de expresión corporal y movimiento de Miluka y Guillemo, pero sin caer literalmente en una corrida de toros? Es decir ¿cómo fue llevarlo hacia donde querías y la obra te indicaba?

Empezamos por estudiar y habitar los movimientos y pases más sencillos y clásicos del toreo con el cuerpo y el capote para luego romper el diseño corporal y priorizar la traducción de la emoción en lugar del virtuosismo o la armonía. La escenografía (una barrera y un burladero fragmentados y con ruedas) nos ayudó mucho a que el cuerpo dialogara con la plaza y que mutara en otros escenarios como un cuarto de baño o una autopista, en función de las necesidades narrativas.

3. ¿Qué riesgos tiene y de qué manera se gestiona desde la dirección el equilibrio entre la herencia del folclore más arraigado y una propuesta teatral descaradamente libre, única y cargada de metáforas?

No buscamos la metáfora del toreo por ser un tema arriesgado o polémico. Buscábamos la metáfora del toreo, no el tema del toreo. En la anterior obra tomábamos como universo la Semana Santa, y aunque no ha sido intencional recurrir de nuevo a la tradición y el folclore, nos estimula porque queramos o no, están arraigados en nuestro imaginario y es muy revelador

poner en diálogo esos rituales y símbolos con nuestro mundo interior. El riesgo al elegir una atmósfera poética (en este caso el toreo) que traduzca lo que queremos contar, tiene en mi opinión más que ver con buscar el fondo y no quedarnos en la forma o la idea. Creamos desde el respeto y la honestidad, pero siempre existe el riesgo de que alguien se ofenda, como de que salga emocionado. Es el hecho artístico.

4. Si la obra fuese un objeto, una metáfora y una canción ¿Cuáles serían para ti?

Si fuera un objeto, sería un burladero. Como metáfora, lo es de la relación entre amar y morir. Si fuera una canción, sería “Muerte en Motilleja”, de Rodrigo Cuevas

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"She knows that whispers can be useful. Sometimes they contain real information. But usually they're fairy tales and lies. This is the worst kind of whisper, the kind that draws you in, gives you hope."— Julianna Baggott

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