Con este
libro me he encontrado a una escritora desconocida para mí (en el buen sentido de la palabra); una escritora con una capacidad única de desdibujar, o de crear una fina línea, entre los relatos del imaginario colectivo con unas realidades muy oscuras que nos persiguen de principio a fin.
Los personajes femeninos que cobran vida a través de las páginas de los libros de esta autora poseen una fuerza arrolladora además de estar vinculadas siempre a la naturaleza de muchas maneras posibles. En el caso de Nora Cortazar, esa conexión con el bosque y con la tierra de la que huyó hace años se convierte en algo mucho más oscuro y visceral, algo de lo que huye, y al mismo tiempo la llama.
Nora es el personaje más complejo que he leído por parte de Alaitz Leceaga, y es mi favorito. Ella habita en las sombras, en un mundo de hombres, y, aunque vive en Lyon, su mente y corazón siempre estarán atados a Lemoniz.
La autora, para el regreso de Nora a su hogar ,se remonta a 1992. Durante aquellos años, la violencia de la banda seguía latente, y aunque los miembros no aparecen físicamente, su peso en algunas partes de la lectura resulta asfixiante. Cuando se nombra a la banda, se hace en voz baja, como si fuese el recordatorio constante de que, nadie estaba a salvo.
Aunque, si es cierto que aparecen dos personajes vinculados a la banda que tomaron dos caminos diferentes, pero no contaré mucho de ellos.
Balbea es un asesino y un terrorista. Es el padre de Nora y es el origen de muchos de los traumas y quebraderos de cabeza de su hija, pero, de alguna manera, gracias a él, tiene una gran capacidad para entender a los criminales y tener un instinto animal único; ella es otsama.
La central de Lemoniz es un personaje silencioso pero con una presencia constante. Desde que Nora regresa a su hogar, es como ese lugar que esconde muchos secretos e historias y al mismo tiempo testigo de un pasado lejano que regresa con fuerza a la vida de Nora.
Oliver y Beñat son los dos hermanos de la protagonista. Con Oliver parece mantener una relación más o menos cercana y cordial.
Beñat es harina de otro costal. Este es un hueso duro de roer con una coraza infranqueable que le pesa cada vez más; esta se irá resquebrajando según van ocurriendo cosas que le harán replantearse lo que siente, teniendo a su hermana cerca, y si la quiere seguir odiando por haber sido valiente en el pasado (entre otras cosas).
Siento que Beñat ha sido un homenaje a todas esas personas que fueron detenidas injustamente y torturadas. El hermano de Nora ve en su hermana a sus peores pesadillas. Al mismo tiempo, es el hermano al que más he cogido cariño, pues cuando vas conociéndole un poco más, te vas dando cuenta de que ha sido el que más ha sufrido el casi desprecio de su padre.
Algo que me ha suscitado muchos interrogantes ha sido la madre de Nora, Beñat y Oliver. A ella solo la conocemos por las descripciones que nos dan sus hijos, pero cierto personaje nos deja caer algo que no ha caído en saco roto, por lo menos para mí.
Siento que ella guardaba muchos secretos que se ha llevado a la tumba. Al igual que el hijo de Peña.
En una novela en la que la mayoría son hombres, la cabo Bermejo y Lea Marie Odell y Maddi emergen con una fuerza abrumadora, siendo piezas claves en la trama, rompiendo con esa presencia masculina y aportando un punto de vista distinto a la historia.
Sus voces se escuchan con más fuerza que la de los hombres, ya que ellas usan su inteligencia y audacia para intentar hacer del mundo un lugar mejor. Incluso Maddi, siendo tan pequeña, nos regala momentos en los que nos llegamos a plantear: ¿Las leyendas han cobrado vida?
El título de la última princesa es como una matrioshka. Tiene múltiples significados, dependiendo de qué personaje lo diga en voz alta, y siento que todavía nada está dicho (eso espero).
Me ha resultado fascinante escuchar y sumergirme entre los pensamientos de Nora. Su voz interior y la realidad con la que se topa resultan un viaje inquietante, magnético y apasionante. En muchos momentos, cuando Nora tiene pesadillas o se deja llevar por sus pensamientos, parecen tan irreales que llegas a dudar de si las ha imaginado todas.
Esta matrioshka esconde tramas que van apareciendo por arte de magia. Sientes que todo está dicho, que nada nuevo puede salir, y Alaitz Leceaga nos vuelve a sorprender, demostrando que siempre hay algo más oculto que no te esperabas.
Esta novela es el aullido de una otsama en una noche silenciosa. Un grito que lucha por desgarrar el pasado y que, por fin, encuentra su voz.
Aunque, en muchas ocasiones, no se puede escapar del pasado, se puede aprender a convivir con él.
No he podido contar todo lo que he sentido al leer la última princesa, ya que no me gustan los spoilers, pero esta historia sigue rumiando en mi mente. Necesito más libros de Nora, necesito volver a Lemoniz y cerrar muchos flecos. También, necesito un buen escarmiento para cierto personaje que he detestado.
Mi novela favorita de Alaitz Leceaga.
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