- "¿Hueles eso?" - "¿El qué?" - "¡Cómo esta vida nuestra huye!"
Buenos días; mi nombre es Gael Gamarra Segovia, tengo 18 años y creo en pocas cosas tanto como en la llamada del arte. Para mí, es un hecho que todas las personas en este mundo han nacido para brillar en alguna cosa, en algún ámbito. Y yo siento, personalmente, que, de alguna manera, estoy haciendo algo correcto cuando converso cara a cara con las artes, la cultura y el cine.
No se me ocurre un arte que sea más intuitivo, te obligue a observar tantas emociones distintas directamente y de una manera tan cercana como el cinematográfico. Ya en otros momentos, si soy del gusto de ustedes lectores, podré compartir mis opiniones musicales o literarias, pero me siento más unido a las películas. Ahora mismo, traigo cinco de esas. De diversos países, de temáticas y géneros variados, con algunos puntos en común pero para mí esenciales de distintas maneras si quieres comprender cómo yo veo cintas, dónde reside mi verdadera apreciación y, por supuesto, el qué recomiendo.
#5. PLAYTIME (1967) dir. Jacques Tati
Por dónde empezar con lo que es posiblemente la comedia más densa de todos los tiempos, un ¿Dónde está Wally? de chistes, un hechizo que Jacques Tati desata sobre el espectador, un verdadero truco de magia que comprende cómo vemos comedias y en general comprendemos el cine como audiencia para jugar con nosotros, adelantarse a nuestras expectativas y sorprendernos. No se me ocurre qué más busco yo en una comedia, aún más cuando tenemos en cuenta la segunda capa de crítica social, de sátira que, en cierto modo, presintió las estéticas capitalistas modernas en las que vivimos en la actualidad. Quizás no estamos tan perdidos entre edificios y cristales transparentes como el Monsieur Hulot, pero pertenecemos tan poco como él en entornos ultra tecnológico más diseñados para admirar máquinas que para ser recorridos por seres de carne y hueso.
La segunda mitad deja atrás los rascacielos, pero llega a nuevas alturas soberbias en cuanto nos adentramos en la secuencia dentro de un restaurante de alto calibre que abre antes de estar preparado. Los gags son memorables y aparentemente infinitos, en esta película no se sale de una habitación antes de haber aprovechado todo el potencial que hay entre las cuatro paredes, no de una manera forzada sino tan ingeniosa que hace que parezca fácil. A mí me hace sentir magia, es el exponente máximo de lo que puede hacer la comedia, siendo de lejos la película más accesible de esta lista, con un potencial para hacer reír a literalmente cualquier persona que la vea.
#4. LA ZONA DE INTERÉS (2023) dir. Jonathan Glazer
Yo, como tantas otras personas, busco conmoverme cuando veo una película. Tanto para bien, como para mal. Aquí dejo una cinta que te agita profundamente, que te obliga a ver a tu persona reflejada en el último lugar en el que querrías. Es la "historia" de la familia de un comandante nazi de alto nivel, que vive en una preciosa casa con jardín cuya pared es lo único que les separa del campo de Auschwitz.
Han habido incontables intentos cinematográficos, de escalas mayores o menores, de intentar comprender los males de los fascismos, el más comúnmente analizado siendo el nazismo. Por eso,
La Zona de Interés es un gran logro tan solo por el hecho de que consiga crear algo nuevo y que, por la fuerza de lo que cuenta, pica su propio lugar en el canon del arte sobre la IIGM. Es un proyecto que aborda el amplio debate sobre cómo representar los eventos del Holocausto, si es mejor enseñar con todo detalle gráfico o quizás es más efectivo esconder, con una idea novedosa: no vemos nada con nuestros propios ojos, tan solo escuchamos. Desde el comienzo, tres minutos de puro negro y
banda sonora demencial que funcionan como un portal a otra dimensión, que a lo mejor es sorprendentemente parecida a la nuestra propia, se entrena al espectador a usar más sus orejas que su vista. Una habilidad que, cuando estás metido en los eventos, desearías no haber desarrollado. Mientras la familia protagonista duerme, las paredes de sus habitaciones se bañan del naranja de las llamas del campo, una imagen que puedes prácticamente oler, y la atmósfera se llena de gritos que impiden a una invitada dormir, haciendo que huya de la casa atemorizada. El contraste de ese personaje tan solo resalta la normalidad en la que viven el resto; la madre pasa una tarde llevando al bebé a oler las flores del jardín que en otra escena llama "paraíso" mientras en el fondo escuchas a niños con pocos años más ser asesinados, el padre lleva a sus hijos a bañarse en el río en el que acaban los restos de las atrocidades del campo... el mayor drama al que se enfrentan los protagonistas es el envío del padre a otra ciudad por trabajo. No hay dificultades para estos a la hora de diseñar su vida de ensueño, tienen el privilegio de desconectar completamente de su empatía y su humanidad.
Sin embargo, el truco que
La Zona de Interés juega se completa en su últimas secuencia, las cuales no revelaré al completo, pero sí iluminan la verdad de la historia. La intención de la película en todo momento es incomodarte, ya sea con recuerdos de los horrores de los campos de concentración nazis o enseñándote las rutinas de la familia que, si no son idénticas a las que tú tienes, son reconocibles como completamente mundanas. ¿Cómo sabes
tú que aquello que ahora mismo consideras normal no será recordado en museos durante décadas después de tu muerte, como uno de los mayores errores de la historia de la humanidad? ¿Qué elementos de tu día a día ignoras, tratas como completamente normales, cuando en realidad son horrendos? Si aprendieras que ese sería tu futuro, ¿acaso te importaría? En un mundo que gusta recordar a los nazis como algo del pasado, un mal vencido que es imposible de replicar hoy en día, este es un potentísimo recuerdo de lo banal que es la maldad, como decía la filósofa judía Hannah Arendt. Los nazis no fueron monstruos que salieron de la nada y se extinguieron. Fueron, y son, humanos.
#3. CLÍMAX (2018) dir. Gaspar Noé
El divertimento es una ambición completamente noble, aceptable y necesaria en un mundo que trata al cine de una manera sana. Sin embargo, y no quiero que parezca que tengo un afán tan intenso por el sufrimiento, el arte cinematográfico es muy bueno a la hora de llevarte a los pozos más hondos de la experiencia humana. Gaspar Noé es un experto en eso, y en hacerte sentir solamente con su cámara que estás bajo la influencia y perdiendo el control. A eso le añades su diseño de sonido y obtienes películas que atacan tus sentidos, cócteles explosivos de luces neón, llantos, violencia y vidas arruinadas en una sola noche. Clímax es su mejor presentación de esta idea. ¿Qué mejores sujetos para enseñar la pérdida de control que los bailarines, las personas que se ganan la vida precisamente en el control de su cuerpo?
La adrenalina que se siente, que al menos yo siento, al ver una cinta como Clímax simplemente nunca envejece. Es la misma razón por la que existe el cine de terror: nadie quiere ser perseguido en el bosque por un asesino mudo que agarra un machete con la cabeza empalada de su novio adolescente, nadie quiere caer en las garras de una secta manipuladora, nadie quiere aprender que el bebé que lleva en su útero es el hijo de Satán, nadie quiere estar a riesgo de muerte siete días después de ver un vídeo casero y nadie quiere drogarse accidentalmente junto a sus compañeros de baile y cometer todas las maldades que se pueden ejercer sobre otros seres humanos en un destino inevitable dentro de cuatro paredes bañadas en luz de rojo sangre. En ese sentido, esa película es una de género.
Las danzas son eléctricas y el virtuosismo tanto de los danzantes como de Noé detrás de la cámara son un goce absoluto, incluso cuando las imágenes en pantalla son tan perturbadoras y, en momentos, tan psicodélicos que son casi incomprensibles. Lo fascinante es que en ningún momento te pierda o te desenganche, lo revelador es lo entretenido que es. Como LSD consumido por los ojos a través de gotas. Pica, y no puedes parar.
#2. WE'RE ALL GOING TO THE WORLD'S FAIR (2021) dir. Jane Schoenbrun
Pertenezco a una generación perdida y, a través de los numerosos intentos de representar el internet en el cine, este es el más acertado con el que me he encontrado. Incluyo también una mención honorífica a Las habitaciones rojas, de Pascal Plante, en cuanto a esta temática, pero lo que consigue Jane Schoenbrun a la hora de enseñar la manera en la que las personas jóvenes encuentran identidad en la pantalla de un portátil no tiene igual en el cine actual. El World's fair challenge que presenta la cinta será ficticio, pero es tan verosímil como solo podría crear una persona que ha tenido contacto personal con estos fenómenos.
Esas huellas dactilares se encuentran en todos lados en esta película, es una historia sorprendentemente íntima para desarrollarse principalmente en un lugar tan despersonalizado e irreal, lleno de personas que están intentando encontrar quiénes son a través de juegos y culturas que no pueden replicar en el mundo en carne y hueso. Sin embargo, la ruptura de estos juegos es lo mismo que la muerte en esta nueva dimensión. Hay que mantener lo que es, una ilusión tan dependiente de que seas aceptado como la sociedad exterior. La cinta cuenta cómo estos lugares digitales no son refugios reales, no son reemplazos servibles para el vacío que intentan llenar. Y además, mete mucho miedo en el camino. Es un visionado esencial para esta nueva era de creepypasta, foros online y habitaciones oscuras y frías que intentamos iluminar con la luz de las pantallas de nuestros móviles. Una pantalla que no es cálida y no es acogedora.

Menciones honoríficas, otras películas que definen casi completamente mi perspectiva y lo que aprecio en el cine: Pink Flamingos (1972) dir. John Waters, Ven y Mira (1985) dir. Elem Klimov, Gremlins 2 (1990) dir. Joe Dante, Las Margaritas (1966) dir. Věra Chytilová, y Maldita Generación (1995) dir. Gregg Araki.
#1. BABYLON (2022) dir. Damien Chazelle
Prácticamente todas las películas que jamás hayan existido están en conversación, de una manera u otra, con la historia de su género y, de manera indirecta, con la historia de todo el cine. Esto es verdad con todas las artes. Babylon, de Damien Chazelle, parte memoria histórica de los comienzos del cine sonoro y parte comedia negra sobre la fama, conversa con el pasado de Hollywood, con los lados más brillantes y los más oscuros y, a pesar de ser, en su segunda mitad, un retrato sobrio y oscuro de las verdades de la industria, acaba con esperanza de cara al futuro. Los puntos más álgidos y más bajos de las caras olvidadas del mundillo, las mayores glorias y las peores miserias, se representan a lo largo de los 189 minutos de fiestas y rodajes.
Chazelle es una de las caras más representativas del cine americano contemporáneo. Su estilo es directo y colorido, sus películas chillan pasión y celebran su propia existencia, y Babylon es un testamento del milagro que es la mera existencia de las películas, y la euforia de su creación. Los dos guiones anteriores del cineasta, Whiplash y La La Land, también son distintas muestras de artistas que dejan atrás casi todas sus vidas con tal de seguir sus sueños, con resultados gravemente desiguales. En ese sentido, Babylon son los signos de exclamación del comienzo y final de esta "trilogía", cierra los temas que toda su filmografía trata a la vez que abre la puerta a muchos más, con su celebración y potencia.
Es uno de los pocos largometrajes modernos de alto presupuesto que justifica su duración, a través de las diversas historias que cuenta, de actores y actrices a músicos, blancos y negros, heterosexuales y lesbianas, todos con símiles en nuestro pasado real que fueron, al igual que estos personajes, deshumanizados y usados para ser olvidados. Unos pocos huyeron y otros murieron, o en su intento de escape o precisamente para escapar.
Una carta de odio a Hollywood y los Estados Unidos, una carta de amor a la creación de cine. Una verdadera maravilla.
Mi idea no es redactar artículos así de largos a menudo. Espero poder traer cintas que puedan encontrar en los cines o en diversas plataformas de streaming, idealmente algunas de las que no fueran conscientes previamente, aunque habrá que ver cómo evolucionan mis temáticas.
Soy Gael Gamarra Segovia, y actualmente también me pueden escuchar en dos programas de la emisora de radio Punto del Plata FM. Uno de ellos, Toma Falsa, es mi espacio semanal de alrededor de media hora en el que ejerzo una actividad similar a esta, aunque con un toque quizás más accesible. Al fin y al cabo, en la radio uno debe criticar una película a la vez que la presenta y da con sus palabras una idea al oyente de lo que se puede encontrar si decide verla. Estoy increíblemente agradecido, tanto por esos programas como por la oportunidad de estar hablándoles a ustedes ahora mismo.
Nos vemos en el cine.
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