A comienzos del siglo XX, Carmen de Burgos se adentró en los camerinos de las grandes artistas de su tiempo con una mirada curiosa, sin prejuicios, atenta a lo pequeño y lo verdadero. Entrevistó a actrices, cantantes y bailarinas desde la cercanía, logrando captar momentos de sinceridad asombrosa. “Quiero sorprender a la artista en su verdad más sencilla”, escribió. Y lo consiguió: en sus textos, las figuras públicas se deshacían y aparecían mujeres reales, vulnerables, llenas de contradicciones.
Pensé que escribir esta opinión sería fácil, pero llevo rumiando las palabras, sin que me salgan, por varios días. Así que intentaré plasmar todo lo que sentí al acercarme a la figura de la gran Carmen de Burgos y lo que me transmitió a través de esta obra.
Mi madre me había hablado de esta periodista y escritora española, adelantada a su tiempo y con una forma de ser, pensar y actuar que desafiaba los convencionalismos de su época y reglas de aquel entonces.
Pero, una cosa es que te cuenten cosas por encima y otra muy distinta es acercarse a su figura a través del teatro.
Lo que han hecho Inés Collado y Almudena Pascual sobre el escenario ha sido magia. El arte de narrar, de transmitir y de contar no sé exhibe, sino que se exhala en cada momento.
Es como si la propia Colombine se apoderase de Inés y Almudena, y las invitase a romper el silencio de los siglos o la omisión, en nuestros días, de su nombre.
Estas dos actrices van tejiendo un puente precioso entre el papel y la palabra. El teatro español es testigo muy vivo de su huella.
Confesiones de artistas arranca de una forma muy bonita. Va desde las entrañas de los teatros y lo que siente Carmen al observarlos desde fuera, y al entrar dentro de ellos.
La obra empieza con pinceladas generales para ponernos en contexto, y lentamente las actrices nos dan la mano y nos invitan a viajar al pasado.
Carmen de Burgos sabía llegar a la persona que entrevistaba de una forma sutil y elegante. Puede ser que ella pensase que las preguntas eran una locura o banales, pero estas tenían alma.
El alma de esta periodista y escritora al igual que esta obra rescata lo invisible y está repleta de pequeños detalles únicos.
Bajo la dirección y dramaturgia de Inés Collado y Cristina Marín-Miró las palabras cobran vida, los silencios te pellizcan el corazón y la cuarta pared cae de una manera elegante.
El escenario es una extensión de Carmen. Es una página en blanco que escribe para los espectadores, que observan expectantes a la siguiente palabra, frase o a la siguiente entrevista.
Inés y Almudena con gran naturalidad y emoción empiezan un baile entre el recuerdo de las palabras de Carmen y el presente. Ellas logran que el tiempo se detenga.
El vestuario se adhiere a las protagonistas como una segunda piel, y funciona como un personaje que tiene mucho que contar, y lo hace a través de la voz de otros.
Salí del teatro contenta de haber conocido un poco más a Carmen. Sintiendo que se ha hecho justicia con esta fascinante mujer y se la ha devuelto a la vida por algunos minutos.

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