El doctor Petardo y la científica Buscatruenos tienen una misión imposible: crear el pedo perfecto. Pero no será fácil: entre errores, desastres varios y chismes jugosos, el ladrón Robapedos intentará sabotearlos. Por suerte, no están solos: los acompañan la Mosquita 13 y Jueves, un perro que siempre está en medio.Una joven científica, un científico loco, inventos absurdos y muchos pedos, ventosidades y moscas en esta primera aventura desternillante.
Primer título de Los Petardos, una colección de novela gráfica divertídisima ideal para iniciarse en el cómic infantil.
TRADUCCIÓN, MÓNICA RÓDRIGUEZ.
La primera razón que diría es por el villano tan poco convencional del que apenas sabemos nada, pues aparece y desaparece como una flatulencia. Al no saber nada de él, te queda la duda: ¿quién será?, ¿por qué hace lo que hace? En las novelas infantiles/juveniles estamos acostumbrados a conocer las motivaciones de los malos malísimos y, en esta ocasión, vamos a ciegas.
Mis personajes favoritos han sido las mosquitas. Es una genialidad que se utilice a unos insectos tan detestables y tan poco queridos como parte importante de la trama. Adoro a una mosquita en particular, ¡me he reído mucho con ella! A veces es importante ser diferente y no formar parte del rebaño con nuestras particularidades.
La segunda razón (ya que las mosquitas y el malo están en el podio) diría que es la unión de las ilustraciones tan coloridas, carismáticas y originales de Óscar Julve con el ingenio y la narrativa desenfadada, de Roger Gómez, que transforman a Los Petardos: La fábrica de pedos en una locura tan divertida como desconcertante. Piensas durante toda la lectura: ¿qué tienen de especial los pedos?, ¿quién sería tan audaz como el Doctor Petardo y la Científica Buscatruenos para ir buscando algo que a los mayores escandaliza y a los pequeños hace reír y divierte? Siento que, cuando somos mayores, hablar de temas como culos, pedos y demás nos suena muy extraño y nos escandalizamos con mucha facilidad; en cambio, los niños pequeños llevan algo tan natural como tirarse un pedo al terreno de las risas y de pasar un rato loco.
La tercera razón, y no menos importante, son los personajes secundarios que entran en escena, como son la alcaldesa de este lugar cuyo nombre desconocemos y el resto de habitantes. En muchos libros infantiles aparecen solo los personajes principales y los autores e ilustradores se olvidan en muchas ocasiones de los vecinos: aunque pueden aparecer, no les ponen voz ni cara. Así que ha sido una genialidad que, de un momento a otro, se convirtiese en una novela coral, aunque desde la primera página ya se intuía.
Adoro cuando sitios como teatros, laboratorios y trenes se convierten en lugares a los que las personas van no solo a presenciar hechos tan insólitos como tirarse pedos o apoyar a estos dos científicos locos, sino también como un punto de reunión en el que «la cultura» extraña forma parte de esta loca aventura. Esta es una de mis razones favoritas de por qué he adorado este primer volumen.
Y la última razón, aunque podría tirarme toda la tarde escribiendo sobre ellas, es porque se trata de una historia en la que, aunque haya momentos de desilusión y desesperanza, nos enseña a no tirar la toalla. Nos crea esa ilusión (aunque seamos mayores) de preguntarnos: ¿lo conseguirán?, ¿volverán a lograr algo más grande? Aunque a primera vista el título suene disparatado y parezca una tontería, en realidad esconde un montón de aprendizajes valiosos. ¡Me encantaría seguir descubriendo las aventuras y desventuras del Doctor Petardo y la Científica Buscatruenos!

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