Entre el verano de 2022 y 2023, Warner Bros. Discovery tomó una decisión sin precedentes en la industria del cine. Tomaron tres proyectos de su calendario, todas películas de alto presupuesto prácticamente acabadas que esperaban su estreno, y anunciaron su cancelación. No estrenar estas cintas les permitiría reclamar una pérdida de impuestos de varias decenas de millones de dólares que, según las valoraciones de los abogados del estudio, sería mayor a los beneficios que podrían obtener estrenándolas en cines o HBO Max. Es una decisión que ha sido discutida, es de dudosa legalidad y aun menor moralidad pero aparentemente completamente justa en el mundo legal de los Estados Unidos. Dos de los largometrajes cancelados, Batgirl y Scoob! Holiday Haunt, están aparentemente desaparecidos y a estas alturas no parece que vayamos a ver nada de ellos en el futuro cercano si siquiera existen. Los recursos invertidos en esas producciones han sido nulos. El esfuerzo de todos los trabajadores; ya sea del director, de la guionista, del ayudante de cámara y del diseñador de vestuario, por muy grandes que sean, no les otorgan un atisbo de control sobre lo que ocurre con el producto final. Así funciona la industria de las artes en la América corporativa, un lugar en el que la preservación del cine es un acto de filantropía económica y no un fin en sí mismo. Puede que tú, como lector, pienses que da igual que otra película de superhéroes como Batgirl y otra secuela de Scooby Doo no vean la luz del día. Probablemente te den igual, y por eso mismo desde Warner Bros. Discovery tomaron la decisión de no estrenarlas. Pero no solo merece respeto la creación de estos creativos, sino que el precedente es altamente preocupante, especialmente en un mundo en el que cada vez más políticos poderosos se sienten con la libertad de anunciar qué arte no es "moralmente aceptable". Tu próxima película favorita podría ser eliminada para alegrar a unos inversores que llevan años sin ir al cine y, si tratamos al cine de esta manera; Blade Runner no se habría estrenado. Cadena Perpetua, Donnie Darko, Qué bello es vivir, Vértigo, El mago de Oz y Ciudadano Kane hoy en día serían más rentables como una reclamación de impuestos que como estrenos en cines. El valor del cine industrial reside en los números.
Pero una pequeña película basada en un artículo homónimo del New Yorker del siglo pasado ha sido rescatada exitosamente. Coyote vs Acme, un delirio legal y de espionaje al son de los cortos más divertidos de los Looney Tunes, fue planteada por James Gunn a Warner Bros. hace más de una década. En 2019 se confirmó la producción y en 2023 se habría estrenado el producto final escrito por Samy Burch, la guionista nominada al Óscar por su trabajo en Secretos de un escándalo, una de las mejores cintas de esta década. Sin embargo, se tomó la decisión de reclamar una pérdida antes que estrenar Coyote en la fecha planificada. El frenesí que siguió a la noticia fue mucho mayor que el de Batgirl y Scoob; las redes sociales se incendiaron, que no es algo extraño. Al fin y al cabo, estas apps parece que siempre están en llamas. Pero la industria se movió y, lo que sí es raro, consiguió un cambio a través de un movimiento de base. El ruido que causaron las protestas amenazaba con convertirse en una mancha sorprendentemente dañina en el historial del estudio, más de lo que probablemente esperaban. Así que Warner subastó Coyote vs Acme entre distintos estudios, tan solo unos días después de anunciar su cancelación. Tanto Netflix como Amazon y Apple rechazaron la oferta de 70 millones de dólares después de asistir a proyecciones de la película. Fue Ketchup Entertainment, un estudio indie, el que compró el largometraje por alrededor de 50 millones. Vendieron los derechos internacionales (Beta Fiction Spain lidia con la distribución en nuestro país) y organizaron un estreno amplio en los EE.UU. Por ahora, el retorno económico en la taquilla americana está siendo suficiente (alrededor de 50 millones acumulados en el momento que se publica este artículo) mientras le queda un recorrido amplio en streaming que asegura varias decenas de millones más.
Pero números, números y más números. No somos productores, somos admiradores del séptimo arte. Aunque la taquilla no alcanzara los siete dígitos, aquí hay un hito que celebrar: una película salvada de un destino que era imprevisible. El segundo paso: ¿es buena? Por mi parte, si no queda claro a través de mi tono, esta cinta es un triunfo. Si la sacas de cualquier contexto de celebración de que exista y lo podamos ver, Coyote vs Acme es el mejor largometraje de la historia de los Looney Tunes. Tiene un guion inteligente, muchas risas y un homenaje conmovedor que no te esperarías a lo que significan estos personajes. Hay un ángulo muy perspicaz en esta historia, que consigue ver lo que dicen los relatos del Coyote sobre la existencia en una sociedad capitalista y lo empaqueta dentro de una comedia judicial con tintes de misterio que no pierde de vista su sentido del humor. Su cercanía a la cancelación y posterior rescate subraya exactamente lo que cuenta y tan solo refuerza el mensaje: quizás no ganemos a las megacorporaciones. Si Warner Bros. Discovery se declarara en bancarrota, no sería por abandonar a los Looney Tunes. Pero dentro de ese contexto, podemos asegurar victorias pequeñas que, a largo plazo, sí puedan resultar en una mejora de vida para todos nosotros. Plantarnos con firmeza ante las decisiones de los multimillonarios parece inútil, pero no lo es. Es la fuerza que tenemos. En un momento del guion, se revela que ACME considera al Coyote un "usuario de uso compulsivo". Es decir, la compañía se beneficia y es consciente del daño que le causan al animal mientras no sufren consecuencias. Porque este es un mundo en el que los dibujos animados son considerados ciudadanos de segunda clase, dado que les puede caer un coche, piano o yunque encima y la única consecuencia es que las personas a su alrededor se rían. No solo es muy imaginativo, sino que es algo perfectamente creíble si las caricaturas vivieran entre nosotros. El esfuerzo de crear un mundo es impresionante. Es rival, aunque no vence, de Roger Rabbit. Está varias ligas por encima de Space Jam o De nuevo en acción con Brendan Fraser, eso lo puedo asegurar. Aunque la animación no es un 2D como en estas, es 3D con sombreado plano para dar la impresión. Es una técnica muy común para recortar costes que en mi opinión no es tan bello como el 2D pero sigue dando el pego, si eso es lo que importa. No quita que los personajes animados tienen mucha energía y son una delicia. En el panorama de estrenos actual destaca bastante, incluso si no alcanza lo que consiguen sus inspiraciones.
Un niño que hoy en día ve Coyote vs Acme podría liderar en veinte años el proyecto más rentable de la historia de Warner Bros. No es por subrayar hasta la saciedad lo que ya he dicho varias veces, pero cancelar una película finalizada para ahorrarse unas pocas decenas de millones es una decisión de corto plazo, que no mira al futuro, daña las relaciones con los artistas que las productoras necesitan para existir y no permite al catálogo de Warner crecer. Es el tipo de acciones que no deberían de aplaudirse, a duras penas son buenas para el negocio. Poner una tirita ACME al corte no niega los otros mil que hace que se desangren estos estudios. Recuerdo los rumores que circulaban hace unos años de que esta cinta era tan mala que no se podía estrenar, y no creo que ningún productor detrás de la toma de decisiones respecto a este proyecto de verdad viera lo que tenían entre manos. Habla a los fans de Looney Tunes y a muchas de las ansiedades que todos sentimos ahora mismo. Además, importa la manera en la que, en tiempos como estos, hay una película que te apunta personalmente y te dice que tú, como persona, probablemente abusada por el sistema, importas. Tus acciones y existencia importan. Y quizás la cuesta es interminable y la bola nunca tocará la cima, pero el esfuerzo es lo que nos da motivación. Es un fin en sí mismo.
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