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ENTREVISTA A CÈLIA NOVIS (POR ONCE UPON A PLACE)


Once Upon a Place es la historia de "La Nacional", un edificio anodino de la ciudad de Nueva York que acogió a miles de inmigrantes en Estados Unidos a lo largo de sus 150 años de historia. El propio edificio narra su sorprendente historia, aún desconocida pero de gran relevancia hoy en día, que aún permanece como un misterio para la mayoría de los neoyorquinos y estadounidenses.  Fundada en 1868, "La Nacional" sigue en pie en 2021 y es el último superviviente del desaparecido barrio neoyorquino conocido en su día como la Pequeña España, que había sido el mayor enclave de inmigrantes españoles en Estados Unidos. "La Nacional" fue testigo del auge y la caída de la ciudad de N.Y. como hogar del Sueño Americano, viviendo tanto la época dorada de la Pequeña España como los tumultuosos tiempos que finalmente acabaron con la desaparición de toda la comunidad.

WEB DE CÈLIA NOVIS 

Cèlia Novis es una guionista, cineasta y periodista.En los últimos años, ha escrito, producido y dirigido tres largometrajes documentales: On Vampyres and other Symptoms (2011, España) (Sitges IFF, Documenta Madrid, BAFICI Argentina, FIFA Montreal, MARFICI, Off Screen Belgium, etc); The Minorcans: 250 years of survival (2018, USA & España) un documental para televisión; y, finalmente, Once Upon a Place.



Antes que nada muchas gracias por esta entrevista. Del 2013 al 2018 viviste en Nueva York ¿Fue en esa época cuando escuchaste hablar de La Nacional? ¿Cómo llegó la historia a ti? ¿Fue fácil que te dieran acceso al edificio?

Muchas gracias a ti por el interés en la película. Sí, como bien dices, aterricé en NYC en febrero de 2013. Y, a pesar del frío, solía darme largos caminos por la ciudad para ir descubriéndola. La calle 14 está muy céntrica. Yo solía bajarme en el metro de Union Square, que está más o menos en medio de esa calle, y en uno de esos paseos me topé con un edificio precioso, que tenía una puerta roja muy llamativa, y con una bandera norteamericana y otra española. Me pareció raro, porque yo tenía ubicados en el mapa otras instituciones españolas (el Instituto Cervantes, el Consulado, etc) y ese lugar no sabía qué era. Pensé que sería un restaurante español, porque en NYC es muy común ver en los restaurantes banderas de los países originarios. Me dio por entrar y tuve la gran suerte de encontrar allí a Robert Sanfiz, el director ejecutivo del centro. Le pregunté y me dijo que sí, que abajo tenían un restaurante, pero que todo el edificio tenía mucha historia y que estaba conectada con la inmigración española. Empecé a hacerle preguntas sobre esa historia y me fascinó que aquel edificio tuviera más de 150 años, que aún guardaran algunos objetos que habían pertenecido a épocas anteriores, etc. Al verme tan interesada, me dijo que podía pasarme cuando quisiera a ver lo que tenían  guardado (sobre todo las fichas de los miembros del club que tenían en cajas). 



- Una de las cosas que me cautivó del documental es la forma en la que el edificio nos va contando su historia ¿Tenías pensado desde un principio que fuese la nacional la que iba a narrar todo? Y junto con este lugar tan mágico y lleno de historias tenemos a Domingo Zapata que con sus pinceladas nos va poniendo color al documental. Si este documental fuese un color ¿cuál sería para ti? ¿por qué? 

Sí, la verdad es que en cuanto supe más sobre su historia me imaginé desde un principio a una abuelita de 150 años contando su vida: sus momentos buenos, los malos, los hechos probados, los rumores sobre ella, el barrio donde creció, etc. Así que me decidí a convertir ese edificio en una persona, en esa abuelita que cuenta su vida rodeada de sus nietos y nietas, al calor de una chimenea, de una manera dinámica (ya que, colocar tantos datos históricos juntos puede ser un poco tedioso). 
El caso de Zapata fue que cuando lo conocí (él es también es un inmigrante español) le propuse que pintara un cuadro inspirándose en la historia que yo sabía de La Nacional. Que pintara lo que le inspirara. Grabamos ese proceso de la creación del cuadro con la idea de ir complementando la narración de la historia, porque, como bien dice el edificio al final “si sobrevivo es porque albergo historias que protejo y que inspiran a otros para que las cuenten, de la manera que sea, así no se nos olvida”. Mi manera de que no se olviden de estas historias, de lo que pasó en ese edificio, es creando una obra en forma de película, al igual que la manera de Zapata es creando una obra plástica. Cada cual escoge su lenguaje. 

Y el color de esta historia para mí es el color rojizo del ladrillo gastado que todavía cubre gran parte de las paredes del edificio, tanto internas como externas. Ese ladrillo que también lleva impregnado tanto de lo que allí pasó y, si te fijas, es el color mayoritario en la película. 

- Durante “Once upon a place” tenemos muchos testimonios de personas que vivieron entre esas paredes y nos cuentan anécdotas y otras voces que son de generaciones diferentes ¿Qué sentiste que les unían a todos ellos y ellas? ¿Hay algunos testimonios que se han quedado fuera del metraje y te gustaría mostrar en otro trabajo? ¿Te fue difícil que hablasen? (ya que muchas personas se piensan que hablar del pasado es abrir heridas).

Lo que les une son los anhelos, luchas diarias y sueños. Pensaban mucho en sus lugares de origen, en su gente, en momentos conjuntos, comidas, tradiciones. Muchos se sentían agradecidos a Nueva York y estaban a gusto, consiguieron convertirla en su hogar, pero la nostalgia del lugar de origen era común. Eso es algo muy universal. Yo también he sido inmigrante y me pasaba. Da igual la época y el país del que vengas, hay momentos de nostalgia y desamparo en los que te sumerges. Algunos salen pronto de esos sentimientos, pero otros permanecen en ellos. 

Sí que ha habido muchísima información, testimonios, documentación, etc, que no he podido incluir. Al final, me centré en todo lo que ocurría en la Calle 14 y en ese edificio en concreto, porque si no, la historia se me iba hacia otro lugar y abarcaba otros aspectos de los que no quería hablar. Para mí la clave siempre fue ese edificio, lo que pasó allí y esa calle en la que ese lugar está. 
 
Finalmente, comentarte que no fue nada complicado que la gente hablara, están deseando que les pregunten, mostrar sus recuerdos, hablar de sus ancestros. Al menos, esa fue mi experiencia. La gente siempre ha sido muy generosa conmigo abriéndome las puertas de sus casas. 

- El consulado español en Nueva York fue un organismo importante en el documental. ¿Qué dijeron al saber que estabas interesada en rodar este documental? 

Bueno, no se sorprendieron tanto, imagino. Conocían ese lugar, aunque no su extensa historia. Cuando les propuse tanto a Robert Sanfiz como a los del Consulado español hacer un documental, les pareció normal. 

- Soñando un poco. Si pudieses viajar al pasado y contar lo que iba a ocurrir con el barrio Little Spain y con La Nacional a los que vivían por aquel entonces ¿qué les dirías para ayudarles? 


Uy, qué difícil. Ni idea. Imagino que les diría que cuidaran un poco más los recuerdos, las huellas de sus vidas, historias y luchas. Porque mucho material interesante relacionado con ese lugar y esa comunidad, ha desaparecido. No solo fotos, sino otros documentos. Por ejemplo, había un fotógrafo que retrató a gran parte de la Colonia española de la calle 14, se llamaba Paul Pérez. Gran parte de su archivo desapareció. Él fue quien fotografió a Walt Disney o a “Cantinflas” en la Calle 14 y en La Nacional y se dice que tenía fotos míticas de varios VIPS allí. Se cuenta que Lorca estuvo en la cantina de La Nacional y que incluso durmió en una de las habitaciones, y también Xavier Cugat. Y que la Hispanic Society of America prestó un cuadro de Sorolla a La Nacional para un aniversario de Galdós, pero no han quedado documentos que lo prueben. La Nacional ha sobrevivido a varios expolios y a veces fue gestionada muy mal, sobre todo a partir de los años 70, y muchos documentos u obras importantes desaparecieron. Así que les diría que por favor protegieran todo eso de las manos equivocadas. 


- ¿Sería descabellado volver a tener un Little Spain en Nueva York? Si estuviese en tu mano volver a abrir La Nacional o hacer algo con el edificio ¿qué harías? 

La Nacional, afortunadamente, hace unos pocos años que ha resurgido. Gracias a personas como Robert Sanfiz y a algunos descendientes de españoles que nacieron en la Calle 14, lograron salvarla y que no fuera mal vendida. Ahora, desde hace unos pocos años, han reformado el edificio y el restaurante y está viviendo una segunda época de oro, diría yo. En el salón grande del edificio se celebran fiestas, exposiciones, conciertos, y todo tipo de eventos relacionados con la cultura española. Y el restaurante, después de la reforma, está precioso. Como la Calle 14 ahora es una zona buena, mucha gente escoge ese lugar para hacer celebraciones y eventos, usando el salón y el restaurante para sus actos. Así que, bueno, no sería un Little Spain, porque en la Nueva York de hoy en día, ese melting pot que es, no hace falta que las comunidades sean tan herméticas para protegerse, como antes. Todo el mundo está mucho más mezclado. 


- Cuando termino el documental me pregunté ¿y si La Nacional no hubiese existido? ¿qué hubiese pasado con los españoles que inmigraron?

Creo que hubieran encontrado la manera de asociarse y ayudarse entre ellos y ellas. Porque así lo hacían, de manera natural, todas las comunidades  llegadas a aquella ciudad durísima, que no es la misma que la actual. Aunque siga siendo una jungla hostil lejos del glamur que se le atribuye por el imaginario común que tenemos todos gracias al cine y al arte, a la cultura en general, la Nueva York de hace 100 años tenía que ser muy muy dura. Aunque también, como ahora, fuera el lugar donde todo podía pasar. También lo bueno. 

- ¿Qué aprendiste de este documental? o ¿qué te cambió como directora, guionista y periodista que eres?


He aprendido muchísimo. A nivel profesional y personal. Me quedo con momentos muy buenos, aunque ha sido un proceso largo e intenso por la falta de recursos de los que he dispuesto siempre. Tanto financieros como humanos. Por eso he tardado tantísimo en llegar al objetivo, por la falta de recursos. Y hacer una película sin recursos no se lo recomiendo a nadie. No solo acabas asumiendo muchísimos roles que si tuvieras más equipo no sería así, sino que es una ruina y un sufrimiento constante. Para mí, la mayor lección es esta. He hecho ya tres documentales asumiendo muchísima carga, con muy poco presupuesto, y me gustaría que eso cambiara. Me gustaría centrarme en la escritura y la dirección. ¿Y producir? Solo si es co-producción con otras empresas asociadas. Pero mejor si solo asumo la escritura y dirección, con los recursos económicos y humanos necesarios. Tengo que agradecer al pequeñito equipo del que he dispuesto, su labor, entrega, profesionalidad y talento. Pero para el próximo proyecto, me gustaría disponer de un equipo más amplio. 

- ¿Qué pregunta te hiciste nada más entrar en La Nacional? (y que pensaste que no te harías o te sorprendiste al hacértela, respecto al edificio, historia...)

¿Por qué nadie ha hecho una película o un documental sobre este lugar en concreto antes? ¿Por qué no existe casi nada de documentación guardada de este lugar y no han hecho un pequeño museo o, en su defecto, por qué no la donaron a un museo sobre inmigración? Qué mal tratamos a nuestra historia. Qué poco valor damos a lo que nos puede contar mejor de dónde venimos. 

- ¿Qué pregunta nunca te han hecho respecto al documental y te gustaría responder? 

Uy, pues la verdad es que me has hecho unas cuantas que no me habían preguntado anteriormente y te lo agradezco. Ahora mismo no se me ocurre nada más que pueda completar unas preguntas tan buenas como las tuyas. Espero que la película tenga una larga vida, que se distribuya bien, no solo en festivales, sino en plataformas o en los lugares correspondientes para que llegue a cuanta más gente mejor. Me encantaría que esta historia sobre el olvido -el olvido de aquellos que se fueron y no lograron regresar y que son parte de la historia de nuestro país-, no cayera, irónicamente, en el olvido. 

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