1 jun. 2018

Opinión de Bestias de la noche de Tochi Onyebuchi


En la ciudad amurallada de Kos, los aki son jóvenes devoradores de pecados convertidos en criaturas letales engendradas por los sentimientos de culpa.
Taj es el más talentoso de los aki, pero su medio de vida tiene un precio terrible. Cuando mata a una bestia del pecado, un tatuaje con la forma de esa bestia aparece en su piel mientras que la culpa de esa falta se materializa en su mente. La mayoría de los aki no tardan en sucumbir a la locura, sin embargo Taj, a sus 17 años, es arrogante y está desesperado por ayudar a dar sustento a su familia. Así que cuando se le ordena devorar el pecado de un miembro de la realeza no se lo piensa dos veces. Lo que no espera es verse arrastrado a una oscura conspiración…





Fantasía, ambiente oscuro, temas trascendentales ocultos entre líneas y una premisa principal muy original dentro de lo que se lee habitualmente en la literatura juvenil. Cuando me hablaron de Bestias de la noche por primera vez, enseguida pensé: «es para mí». Y no me ha defraudado en absoluto, aunque en esta ocasión no ha llegado a ser del todo perfecto.

Nada más abrir el libro, nos encontramos con Taj, nuestro protagonista, un joven aki de diecisiete años. ¿Y qué es un aki? Pues los aki son niños seleccionados por su capacidad para matar y devorar pecados ajenos. Taj es el más fuerte de los aki y los tatuajes de animales que cubren su piel muestran la cantidad de pecados ajenos que carga en su interior. Taj también es una persona solitaria y en ocasiones altiva, pero a medida que le vamos conociendo entendemos perfectamente de dónde le viene este carácter.

Dejándose llevar por sus raíces nigerianas, Tochi Onyebuchi ha creado una historia muy original y ambientada en un mundo lleno de matices por el que merece la pena darse una vuelta. Kos es una ciudad amurallada que encarna el corazón de la historia y de la propia existencia de Taj. Sus calles, sus puestos de mercaderes, las ropas tendidas en los tejados y los olores a comidas típicas africanas nos trasladan a unos escenarios que recuerdan a los del bazar de Aladdin, aunque mucho menos coloridos. Además, os prometo que cuando lo acabé me entró tal curiosidad por la cultura en la que se basó el autor, que me puse a leer sobre religiones tradicionales africanas.

Otra cosa que ha construido muy bien Onyebuchi es el orden estamental en el que se organiza la sociedad de Bestias de la noche. Los aki constituyen el estrato más bajo, son seres inferiores, marcados y de los que la gente de a pie se aleja cuando se cruzan por la calle. Los magos son, para que me entendáis y diciéndolo finamente, los tratantes. Ellos se encargan de seleccionar a los aki, de invocar a los pecados para que abandonen el cuerpo de quien los ha cometido, de recibir el pago y hacer el reparto del dinero como mejor les convenga; unos especuladores, vaya. Y por encima de todos ellos está la familia real, los Kaya, los seres más puros y castos que existen en el mundo. O eso dicen…

Y será justo cuando Taj se encargue del pecado de uno de los miembros de la realeza, cuando su vida dé un giro de ciento ochenta grados y se vea envuelto en una conspiración en la que nos costará decidir cuál de los bandos es el bueno, si es que hay alguno que lo sea.

El libro está narrado en primera persona y presente por el protagonista. De este modo, podemos sentirnos más cerca de él, ver lo que mismo que él tiene ante sus ojos y comprender por qué siente las cosas que siente. Como lectora por fin he conseguido coger el tranquillo a este tipo de narrador y disfrutar la oportunidad que nos brinda de meternos más de lleno en las historias.

El libro no solo cuenta una historia de fantasía, en la que jóvenes se enfrentan a criaturas espantosas creadas por los pecados de las personas, sino que además trata temas importantes como la justicia, la desigualdad entre clases sociales, la culpabilidad, los lazos familiares y la necesidad de cometer errores y asumirlos.

El único pequeño fallo que le he visto es que la narración en ocasiones iba un poco a saltos y me costaba saber cómo habían sucedido determinadas cosas, y por esto, quizá, el ritmo no era tan ágil como esperaba.

Bestias de la noche es el principio de una bilogía con una trama original y una ambientación plagada de detalles que hacen que los escenarios cobren vida e inviten a sumergirse entre sus páginas.

—Opinión de Inés Díaz Arriero—



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