«Si nunca has suplicado de rodillas que no te abandonen, si no te has arrastrado a los pies de la persona que amas y no la has seguido babeando hasta el ascensor y por favor, por favor, y que harás lo que quiera, pero por favor… si no te has desgarrado en la soledad de tu casa, ni has besado su fotografía con una ternura que desconocías, ni has apretado su camiseta contra tu cara y la has olido y la has empapado de tus lágrimas, entonces es mejor que me dejes en paz y te vayas por ahí, porque no entenderás ni una palabra de lo que quiero contarte, ni una sola palabra» 


Con su prosa ya característica, la nueva novela de Celso Castro es como un ovillo que vamos deshaciendo sin fin; una preciosa y triste historia sobre la esclavitud que supone el amor total, sobre todo cuando no es recíproco. Un joven poeta se enamora locamente de Sylvia, una bella mujer mayor que él con la que mantiene una tortuosa relación. Circundantes a la historia, encontramos los grandes temas del autor: la relación entre madre e hijo, la enfermedad y la búsqueda incansable de felicidad en el amor.

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