Santiago, Chile. Jesús, de 18 años, vive con su padre Héctor en un apartamento donde la televisión compensa su incapacidad para comunicarse. El resto del tiempo baila en un grupo de K-pop, sale con sus amigos y toma drogas, mira clips cutres y practica sexo en lugares públicos, buscando emociones fuertes. Una noche, las encuentra con sus amigos, cuando se ve envuelto en un incidente irreversible. Este acontecimiento unirá más que nunca a Jesús y a Héctor, pero también los separará para siempre.


Fernando Guzzoni vuelve a dejar con la boca abierta al espectador, narra  una historia de adolescencia, de rebeldía, de buscarse a uno mismo, de vivir emociones fuertes, pero también de errores, de malas compañías y de noches que te pueden cambiar la vida.
También es una película en donde nos muestra el director la relación entre un padre y su hijo, una relación casi inexistente, marcada por la ausencia maternal, y por el trabajo de la figura paterna que casi siempre está de viaje.

Jesus, intenta imitar a sus amigos por lo que una noche cometerá un error que le marcará para toda la vida, pero también será con su padre con quien se abrirá y le explicará todo.
Basada en una historia real, esta película no solo muestra lo que arriba he contado, sino que es capaz de sumergirnos en Chile, en Santiago para ser exactos y conocer a unos jóvenes y sobre todo a Jesús, que ni tienen oficio ni beneficio.

Es muy dura de ver, yo me quedé al final bastante impactada por los giros en los acontecimientos, por como reaparece la figura paterna y lo que hace por su hijo.
Las drogas, el sexo, la música, todo tiene cabida en esta producción que como hizo Fernando con su anterior película, dejará a todos con la boca abierta, porque este director se atreve a tocar temas delicados y lo hace con la dureza que se merecen, pero dejando a veces caer algún detalle suave, pero poco escaso.
Esta película no dejará indiferente a nadie.

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