¿Qué pasaría si Anton Chéjov y Elvis Presley se encontraran una noche y decidieran tomarse unas cañas? El autor y director David Planell quiere dar respuesta a esa pregunta con “El día que Chéjov bailó con Elvis” Obra de sketches con música y una trama que lo enlaza todo, en la que drama, comedia, inocencia y crueldad se dan la mano, la propuesta quiere hacernos bailar y pensar, sufrir y divertirnos a partes iguales. En esta obra: -Las levitas de Chéjov son chupas de cuero -Las pelucas son tupés -Los gramófonos, jukebox -Y los carros de caballos, cadillacs rojos. Arropada por la presencia de la actriz cantante Gisela Novais y su arrebatador trío de jazz, las palabras y situaciones de Chéjov resuenan distintas, como si las escucháramos por primera vez, y el aroma es definitivamente nuevo.


Miércoles y jueves 22:15h 



El día que Elvis bailó con Chejov se mete al público en el bolsillo desde el primer minuto, es sencilla pero a la vez es arrolladora, ingeniosa e innovadora, desde el punto de vista de una espectadora como yo, pero seguro que como esto no os convence, voy a adentrarme más en la materia.

Todas las situaciones representadas en esta obra de teatro, nos pueden ocurrir en nuestra vida,en nuestro día a día.
Algunas de ellas están contadas por unos personajes sin tiritas, ni medias tintas de por medio, en cambio otras son tratadas con humor, sensibilidad y delicadeza, aunque siendo la carcajada el mejor remedio.

Me ha encantado como en algunos sketches al director, se le ha ocurrido la fascinante idea de "congelar" a los actores, siendo capaz de crear dos escenarios, en uno mismo y en donde, el espectador, no para de mirar al actor que nos habla y a los que están "congelados" en el sitio esperando el desenlace.
David Planell ha hecho una obra de teatro muy visual, aunque eso se dice cuando lees un libro, en esta ocasión yo veía lo que estaba ocurriendo y te lo imaginas en realidad en el jardín, o en una casa de gente rica e incluso escuchas como llueve, sin ser de verdad.

Siempre que voy al teatro no solo me fijo en las actuaciones, me encanta fijarme en pequeños y grandes detalles y en este caso, me fijé en un actor, que es el único que siempre del mismo personaje, sirviendo de eslabón entre unas historias y otras, siendo el maestro de ceremonias sin levantar sospechas al espectador.
Este maestro de ceremonias como le he llamado personalmente, es genial, por como interacciona con el público, y se los mete en el bolsillo con dos frases.

Me encanta como las actrices van cambiando de roles, como en una escena es una directora de teatro y en otra es una institutriz, y como otra actriz en una escena es rica y en otra...Ahí os lo dejo, porque no quiero contaros nada más.
Solo os diré que os dejéis embriagar por la música en vivo y en directo de Gisela Novais y su trío de jazz, cerrando los ojos y moviendo los pies, pero que también os dejéis seducir por todas y cada una de las interpretaciones, a las cuales, daría una matricula de honor.
Y al director David Planell decirle que no sé si Elvis bailó con Chejov algún día, pero que si lo hacen, que lo grabes y hagas de ello una obra maestra como esta.

-Agradecimientos al Teatro Lara

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