Estudio Laika es una anomalía dentro de Hollywood. La mera existencia de Wildwood debería de alertar eso, dado que la última película estrenada por la productora llegó a las salas fue Mr. Link: El origen perdido, en 2019. Esa era su cuarta cinta de la década, y el cuarto fracaso comercial de seguido. Sin embargo, aquí han vuelto a la pantalla grande con otra superproducción de stop motion con un coste de 100 millones de dólares. Cualquier estudio tradicional habría declarado bancarrota hace diez años, pero el dueño de Laika es Phil Knight, el co-fundador de Nike (interpretado por Ben Affleck en su película Air), mientras que su hijo Travis Knight es el presidente de la compañía. Es uno de los casos más transparentes de nepotismo en la industria del entretenimiento actual, pero por suerte es uno de los pocos en los que nosotros como audiencia salimos beneficiados. La mayor parte de la producción que ha salido desde 2009 con Coraline ha sido, como mínimo, de una apabullante belleza visual y, como máximo, de una tesitura temática y ternura que es difícil de encontrar en la animación norteamericana, desde la caída de calidad que tuvo Pixar en la década del 2010. Tienen una marca muy particular y reconocible, que hasta ahora no se ha manchado de ninguna manera grave. Y Wildwood hace más que mantener limpio el catálogo, también lo alza al amenazar con superar los punto alto de Coraline para ser el mejor largometraje del estudio.
Saber que un ser humano ha prestado atención específica a cualquier esquina de cada encuadre de unos muy extensos 132 minutos es, como con cualquier obra stop motion, una experiencia abrumandora. Más allá de ser una película sencillamente hermosa, a mis ojos esta es una que revoluciona nuestra manera de concebir la técnica como audiencia. La cámara hace primeros planos que yo no creía posibles, se mueve entre personajes y a través de ambientes como si nada, la luz sale de lugares y golpea a los personajes con una precisión milimétrica y los escenarios son tan variados y tienen un nivel de detalle tan brutal que cuesta creer lo que estás viendo. En el tercer acto hay una batalla grande, enorme, muy publicitada, que sería un espectáculo si fuera con personas reales, con CGI o en estilo anime. Pero saber mientras lo ves el esfuerzo requerido para crear momentos que como espectador son casi imperceptibles genera mucha impresión. De nuevo, ese siempre es el caso con Laika. Pero aquí ese asombro alcanza una amplitud vastísima, de una ambición que podría salirse de las manos y en cierto sentido no está controlada. Sin embargo, el resultado es uno de los más grandes espectáculos en una década llena de superproducciones que quieren alcanzar eso para convencerte de salir de tu casa y viajar al cine, que cada vez es más costoso. Wildwood merece tu atención y tu dinero, que son las monedas más valiosas para la industria del cine.
Ahora, no se si este es el caso para todas las audiencias, ciertamente espero que no lo sea, pero cuando yo veo una película de stop motion me pregunto a mí mismo en varios momentos si solo la estoy apreciando porque comprendo de una manera más visceral que con cualquier otro tipo de cine el esfuerzo requerido. El hecho de que la cinta exista es una declaración a su esfuerzo, como espectador todos los fotogramas que ves te recuerdan esto. Y es verdad que Coraline, Fantástico Sr. Fox o Pesadilla Antes de Navidad tienen historias excelentes, pero no siempre es el caso. Algo como Isla de Perros, por ejemplo, no consigue escapar de un guion flojo. Wildwood, que está basada en el libro homónimo de Colin Meloy (conocido por ser el cantante de la banda folk The Decemberists), tiene una textura emocional que eleva al lenguaje visual. La protagonista, más allá de la gran interpretación de voz de Peyton Elizabeth Lee, está caracterizada de una manera creíble que te hace querer apoyarla. Todos los personajes no solo cobran vida por un reparto increíble con talento como Carey Mulligan y Mahershala Ali, sino que pueblan el extenso mundo con personalidad y mucho encanto. El atractivo de películas clásicas de fantasía juvenil como El viaje de Chihiro y Dentro del laberinto está reflejado en cada conversación chistosa, coreografía ingeniosa y concepto mágico. De nuevo, los últimos treinta minutos son asombrosos. No hay otra palabra.
Laika nunca encuentra demasiado éxito económico en sus películas, y tampoco mucha admiración en las grandes galas de premios en las que juegan. Pero su impacto en la actual generación de cineastas es notable, y la cantidad de animadores futuros que citarán a Wildwood como la cinta que les inspiró a hacer cine va a ser incontable. La historia y el legado hablan más que el dinero y los premios, sobre todo cuando se habla de cine así de bueno.


Comentarios
Publicar un comentario
La nueva politica de privacidad donde encontrarás información acerca de comentarios, entradas...https://blog.paseandoamisscultura.com/2010/09/Contactme.html