Un remoto pueblo se ve arrasado por la oscuridad, ya que una criatura ancestral conocida como Vurdalak acecha entre las sombras. Sus víctimas son los niños del pueblo que desaparecen sin dejar rastro, salvo por el eco aterrador de la risa de la criatura que se extingue en la negrura de la noche. En una historia clásica de terror que despierta los miedos ancestrales.
La última campanada, cortometraje de animación dirigido por Alberto Cano y creado por estudiantes de Lightbox Academy está basado en un clásico de la literatura como es “La familia de Vurdalak” de Alekséi K Tolstói.
Una producción cuidada con gran mimo y con pequeños detalles que se pueden escapar en un primer visionado, o incluso se pueden ver, pero los que intentas dar una razón en tu mente.
En un largometraje es fácil obtener una ambientación oscura, inquietante y desconcertante; pero siento que en un cortometraje, en tan poco tiempo, hacer sentir al espectador esa mezcla de tensión, de intranquilidad y de asfixia es algo que solo se logra con una buena dirección.
Este cortometraje, en pocos minutos, logra crearnos muchas preguntas y pocas respuestas. En mi caso ,estaba expectante por conocer el desenlace, por saber si Lorenzo había logrado su cometido y si su esposa había hecho lo correcto.
Ese minuto se pasa volando y la mente te juega una mala pasada (no solo a la esposa del protagonista): el espectador deja de contar esas campanadas y se fija en otros detalles.
Hay un aspecto que se infravalora en las películas de animación ya sean cortometrajes o largometrajes y es el doblaje. Para mi es algo esencial, algo vital que da vida a la historia, y más al contar con Isabel Gaudí, Eduardo Gutiérrez y Pablo Ibáñez. Ellos son los que dotan de vida a los personajes más allá de la cuidada animación y del resto de elementos. Estas tres voces logran una sinergia perfecta dotando a la última campanada la carga que solo las imágenes por si solas, no lograrían lograr; incluso con una maravillosa animación como la de estos alumnos, pero sin voz a estos personajes estarían incompletos.
Hablemos de los que los alumnos de Lightbox Academy han sabido captar mediante la animación. El inicio del cortometraje llama la atención: es una invitación a entrar en esa casa, a conocer a Lorenzo, a conocer a su esposa y al bebé. Pero, antes de acceder a este lugar sin invitación, el espectador ve una iglesia alta, con su campanario y piensa «¿Será importante?».
Al acceder a una casa sencilla, sin grandes lujos nos fijamos en otros elementos como ella pelando patatas, la cuna del bebé; son cosas mundanas en los que la animación se detiene, o en mi caso hizo que pensase «¿Qué pasa con el niño? ¿Ese cuchillo será importante?».
Puede que sean cosas de lectura de novelas policiacas, thrillers o que me gustan los cortometrajes y me dan corazonadas...
La producción en 12 minutos mediante otra cosa que me puso los pelos de punta y me inquieto como es la música me dio esperanzas y sembró dudas en mí. Me encanta como los instrumentos pueden crear emociones a través de los personajes y de la historia.
Introducirme dentro de la trama en un abrir y cerrar de ojos me ha entusiasmado, ya que el guion va derecho a lo importante, pero también, gracias a este cortometraje me ha suscitado gran interés en “La familia de Vurdalak”, este tesoro del relato gótico y me encantaría profundizar en el mito clásico y en ese miedo a lo que regresa diferente.

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