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OPINIÓN DE RECITAL 1886. LUIS FERNANDO PÉREZ Y DAVID APELLÁNIZ

 

Programa
C. Debussy

Sonata para violoncello y piano (1914) 
Prologue: Lent, sostenuto e molto risoluto / Sérénade: 
Modérément animé / Final: Animé, léger et nerveux

J. Brahms
Sonata para chelo y piano Op. 99, no. 2 (1886)
Allegro / Adagio / Allegro Allegro / Vivace affettuoso passionato 
molto

C. Saint-Saëns
Le cigne (1886), de Le carnavale des animaux

C. Franck
Sonata para violonchelo y piano (arr. Jules Delsart) (1886)
Allegretto ben moderato / Allegro / Ben moderato: RecitativoFantasia / Allegretto poco mosso


En el verano de 1886 muere el gran símbolo de la era romántica, Franz Liszt. El “Pater”, el gran compositor, el gran virtuoso, el Dios del piano del momento, retado y jamás vencido, el creador de la figura del divo, del recital como lo conocemos en nuestros días, el gran pedagogo.


En este verano en el que el Romanticismo pierde a una de sus principales figuras, los compositores Cesar Franck y Johannes Brahms están inmersos en dos de las joyas de sus catálogos compositivos; Franck está componiendo su única sonata para violín y Brahms, aparte de sonatas para este instrumento también, su archifamosa Sonata en fa mayor no 2 para violoncelo.


Recital 1886, proyecto discográfico inminente y concertístico, se compone de estas dos joyas de la historia de la música, de dos compositores en su madurez, cumbres del repertorio para violoncelo: la Sonata para violoncelo nº 2 de Brahms y la Sonata de Cesar Franck (en su versión para violoncelo y piano). Como guiño final a Recital 1886 y precursor de este verano mágico, esplendor máximo del Romanticismo y quizá principio de ocaso, El cisne, del compositor francés Camille Saint-Saëns, compuesto en febrero de 1886.



El domingo 24 de abril en la Sala Roja de los Teatros Canal tuve la oportunidad de viajar a un pasado lejano de la mano de dos grandes interpretes como son Luis Fernando Pérez y David Apellániz.
1886 fue un año triste para el mundo de la música clásica y se nota en el recital que tuve la ocasión de ver.
El violonchelo habla por si sólo, es como si tuviese voz y es uno de los instrumentos más bonitos que hay o eso es lo que siento, pero si se le acompaña del piano es una maravilla.
He tenido la sensación que con Debussy en alguna de las piezas había como un diálogo entre estos artilugios mágicos, si, como si el piano dijese algo o sintiese alguna cosa y el violonchelo le contestaba.
Sentí tristeza y melancolía con la Sonata para violoncello y piano, pero he sentido algo peculiar y es que en segundo movimiento era como si estuviese a caballo entre el jazz y lo clásico, como si Debussy quisiera experimentar.
Con J. Brahms he sentido una gran tranquilidad, pero en algunos instantes sentía un enfado, un desfogue total, pero para regresar a esa calma. Creo que ha querido plasmar los distintos estados de ánimos que tenía en ese momento.
Una pieza muy primaveral que invita a cerrar los ojos y soñar.

Con C. Saint-Saëns he estado en el séptimo cielo y es que esta obra si que la he escuchado en infinidad de ocasiones, pero siempre me asombra de lo que es capaz de hacer la música clásica según la época, el estado en el que te encuentres.
Siempre me ha gustado y he sentido esa quietud, ese violonchelo narrando una historia que se escapa a través de los dedos y ese susurro del piano .
C. Franck era mi compositor desconocido en este concierto y ha sido toda una grata sorpresa. Con la Sonata para violonchelo y piano ha sido como un duelo entre estos dos instrumentos y ha sido muy bello.
Adoro la música clásica, ya que desde que era pequeña en casa mi padre siempre la ha puesto y me ha inculcado este amor por ella. 
Sentía curiosidad por este 1886 y sentía miedo de que en algunos momentos fuese estridente y me sacase de mi zona de confort, pero Luis Fernando Pérez y David Apellániz han elegido unas piezas bonitas y con un gusto exquisito que hacen resaltar sus instrumentos con luz propia.


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