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Opinión de El tiempo entre costuras





El tiempo entre costuras, la primera novela de María Dueñas, consiguió un éxito rotundo desde el mismo momento de su publicación en el año 2009. Apenas 4 años más tarde, fue adaptada como serie de televisión, que también contó con una acogida espectacular. Ahora, la historia de Sira Quiroga vuelve, pero convertida en musical de la mano de beon. Entertainment con una adaptación de Félix Amador, producida por Dario Regattieri y dirigida por Federico Barrios. 

La joven modista Sira Quiroga abandona Madrid en los meses previos al inicio de la guerra civil arrastrada por el amor desbocado hacia un hombre a quien apenas conoce. Juntos se instalan en Tánger, una ciudad mundana, exótica y vibrante donde todo lo impensable puede hacerse realidad. Incluso, la traición y el abandono. Sola y acuciada por deudas ajenas, Sira se traslada a Tetuán, la capital del Protectorado español en Marruecos. Con argucias inconfesables y ayudada por amistades de reputación dudosa, forja una nueva identidad y logra poner en marcha un selecto atelier en el que atiende a clientas de orígenes remotos y presentes insospechados.


 

Poco o nada sabía sobre El tiempo entre costuras de María Dueñas, a pesar de que había escuchado hablar de ella en incontables ocasiones, pero cuando tuve la posibilidad de ver el musical (y siendo muy fan del género), no me lo planteé ni un minuto. Es cierto que no sabía qué era lo que iba a encontrarme, ya que nunca se me hubiera ocurrido que pudiera llegar a verla de esta manera, por lo que esperaba llegar a sorprenderme con ella y así ha sido.

Como es de esperar en un gran musical, las voces del elenco son espectaculares, con unas actuaciones asimismo deslumbrantes, destacando como era de esperar el trabajo de Laura Enrech (Sira). Joselu López (Marcus), Ricardo Soler (Manuel Da Silva), Noemí Mazoy (Dolores) y María Gago (Candelaria) rodean a nuestra protagonista de una manera espléndida, siendo estas dos últimas unos personajes secundarios inolvidables y cuyo tiempo en escena te deja sin palabras. 

Ahora bien, si hay algo que me ha fallado en cuanto a la construcción de los personajes es el acento tan forzado que han impuesto a los personajes de Rosalinda Fox y del capitán Alan Hillgarth, con unas actuaciones que estaban al nivel del de sus compañeros si bien es cierto que el detalle del acento me sacaba un poco de la historia (llegando a no entendérselos en alguna que otra ocasión).

Uno de los aspectos que más me ha gustado del musical son los cambios de escenografía, que está a cargo de Ricardo Sánchez Cuerda. Su escenografía es de lo más dinámica que he visto en mucho tiempo, consiguiendo transportarte a Madrid, a Tánger, a Tetuán e incluso a Lisboa.

Además, otro de los elementos con los que más he disfrutado es con su música, pues a lo largo de la función vamos a encontrarnos con canciones de lo más diversas, con una letra estupenda y en la que las coreografías tienen un ritmo de lo más ágil. En la coreografía, de hecho, juega un papel importantísimo también esa escenografía de la que ya hemos hablado, consiguiendo escenas de lo más enérgicas y de las que no puedes despegar los ojos (si bien es cierto que abusan demasiado de las escaleras en varias de ellas, con lo que puede hacerse algo repetitivo). 

Su duración aproximada es de 2 horas y 50 minutos (con descanso de 20 minutos incluido). La primera parte, de 1 hora y media de duración, puede llegar a hacerse un poco más pesada, pero después del descanso la obra gana mucha fuerza, atrapando al espectador con unas escenas que generan mucha más tensión y emoción de las que habíamos podido ver hasta el momento.

Por último, y aunque no sea culpa del gran equipo técnico que participa para llevar a cabo la obra, me gustaría comentar un hecho un tanto desfavorable: el Espacio Ibercaja Delicias (donde se representan las funciones) se encuentra al lado de la estación de Delicias, por lo que los ruidos de los trenes son constantes, habiendo ocasiones en las que conseguían eclipsar lo que estaban diciendo los personajes en ese momento. 

~Opinión por Alberto Juárez Tello~

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