Okinawa, Japón, Segunda Guerra Mundial.
Momoko Akiyama es la temperamental hija de un matrimonio de intelectuales para la que la guerra siempre ha sido una molestia lejana. Sus únicas preocupaciones son, por orden de aparición: los disidentes políticos que llegan a su casa de noche y se van de noche, las escapadas de su hermano Takuma los miércoles de madrugada y el acoso escolar.
Jun Kobayashi, la hija del sepulturero, es violentamente tímida y a duras penas puede pronunciar una frase sin tartamudear... un opuesto casi perfecto de la fanfarrona Momoko.
Pero, para bien o para mal, son las personas más importantes en la vida de la otra, y todo lo que creían de su mundo pronto cambiará para siempre.
Con una carta de alistamiento.
Con una mentira.
Con una traición.
Con un hombre escondido en un arcón.
Con la guerra llamando a sus puertas.

El valle oscuro nos cuenta la historia de Momoko Akiyama, de su familia, de sus vecinos de Naha y de muchos otros japoneses que se vieron obligados a vivir reprimidos, con miedo y con la muerte pisándoles los talones durante la Segunda Guerra Mundial. Esa es básicamente la trama: una serie de personajes viviendo en esa época. Sin embargo, esta novela es muchísimo más que una historia sobre la guerra. Nos habla de esperanza, de la importancia de alzar la voz, de luchar por nuestras ideas y de amor, de una de las historias de amor más sinceras y puras que yo he leído nunca.

Los personajes son uno de los puntos más fuertes de El valle oscuro, porque el simple hecho de que uno de ellos hubiera sido un poquito diferente a como es hubiera transformado la novela por completo. Son ellos, de hecho, los que van contando la historia en primera persona, dando saltos en el tiempo y mostrándonos sus pensamientos más ocultos. Y de verdad que me encantaría poder hablaros de todos ellos, pero tampoco quiero quitaros el privilegio de conocerlos poco a poco, porque su evolución a lo largo del libro bien merece ser saboreada. Dicho esto, me detendré al menos en las dos protagonistas:
· Momoko es una niña nacida y criada en una familia acomodada, con los privilegios que eso supone. Siempre ha estado protegida, cuidada entre algodones para que no se enterara de lo que estaba sucediendo a su alrededor. Sin embargo, eso no impide que la acosen en el colegio y que la vida la despierte a golpes, haciéndole crecer y darse cuenta de que ha llegado el momento de enfrentarse a la realidad.
· Jun, mi personaje favorito sin lugar a dudas. Me encariñé con ella desde su primera aparición y no he querido soltarle la mano hasta cerrar el libro. Y creo que aún viene conmigo. Ella no tuvo tanta suerte como Momoko y, desde que nació, su vida fue bastante más complicada. Pertenece a una casta marginada, es extremadamente tímida, pasa hambre y no se siente a gusto en su propia piel. Jun es una persona que aparenta ser frágil, pero que posee una valentía sin igual.

El otro punto fuerte de El valle oscuro es el modo de escribir de Andrea, que te cautiva y te atrapa desde el principio, de una manera tan dulce que casi no te das cuenta de que te está destrozando el corazón página a página. El ritmo es pausado, pero sin obstáculos en los que detenerse, permitiendo así saborear toda la historia.

Esta novela es de esas que se nota que llevan un enorme trabajo detrás, no solo durante la escritura, con ese estilo tan cuidado que ya he mencionado, sino antes con la documentación. Andrea nos brinda al final de la novela una serie de datos reales que ha utilizado como base, así como algunas fuentes de interés a las que podemos acceder si queremos saber más al respecto. Y es que el libro es muy interesante también en ese sentido porque te despierta las ganas de investigar más a fondo sobre los hechos históricos que menciona.

Nunca había leído ninguna de las novelas de Andrea Tomé, pero estoy bastante segura de que esta no será la última.

—Opinión de Inés Díaz Arriero—

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