En pleno verano del año 1950 cinco chicas adolescentes internas en un colegio de monjas juegan juntas por última vez a «Acción o Verdad» o, como ellas lo llaman, el juego de las prendas. Dos de ellas, las gemelas Viñó, están a punto de empezar una nueva vida, llena de interrogantes, lejos de allí. La ocasión es especial y lo saben, pero ninguna espera que esa noche se convierta en un punto de inflexión para alguien más y que sin siquiera imaginarlo acabe marcando su camino para siempre.
















La lectura de media vida , ha sido como mirarme a un espejo y ver lo que desconozco, por la época en la que ocurren los hechos, pero que a la vez y gracias a la literatura y a la magia de Care Santos, me he sentido parte de 1950 y de los hechos posteriores a esa época.
No es para nada una novela de personajes, sino que como lo hablaba con ella en la entrevista que pude hacer, es más una novela de objetos que en apariencia son insignificantes pero que parecen cobrar vida de algún modo y hacer que todo cambie a partir de esa noche de 1950.

He adorado el detalle de Care, el que cuando estas cinco chicas crecen, las hace a cada una ser una cosa distinta: tenemos a Nina que ha estado metida en el mundo del espectáculo, Lola en el mundo de la música...etc 
Y es que juntas las cinco cuando ya crecen, forman un tandem perfecto, forman un grupo de lo más variado y en eso, también reside la genialidad de la pluma de Care y su mente de escritora.
Porque aunque el lector quiera conocer a toda costa que ocurrió esa noche de 1950, también se muere por saber los detalles de todas estas vidas.

Olga y Marta, que son las gemelas en la narración tienen una especial importancia, pero es que Olga es de vital importancia para que todo al final cuadre, para que todas las piezas del puzzle vuelvan a estar juntas.
Aunque, como lectora, me moría de ganas de conocer que había sido de Julia y como había acabado 
donde lo hace.
No obstante, Care, entre medias me atrapó con sus historias de cine, de música, de literatura...Sin dejar a un lado, tener sueños y quererlos cumplir en un mundo en aquella época, donde las mujeres no tenían cabida, o no se veían con buenos ojos ciertas cosas, por parte de los hombres.

No es una novela costumbrista y aunque podemos vislumbrar ciertos detalles, lo que me ha enamorado de este libro, es como va hilando esa media vida.
En una cena tras muchos años después de verse por última vez, todo puede ocurrir, pero Care Santos, ha hecho que esta espera, o esta cena sea deliciosa en todos los aspectos y creo que es una maestra de crear conversaciones que lentamente suben de intensidad hasta explotar, pero mientras tanto como lector, acudes impasible a lo que se está contando.

De la vida, del sentimiento de culpa, del perdón, del miedo, de la lucha...Media vida, toca muchos palos y lo hace con tanta delicadeza y mimo, que ha sido una maravilla el poder haber leído este más que merecido Premio Nadal.
Aunque el personaje de Olga, a veces me ha hecho la novela un poco pesada, pero por como es ella, y porque siempre en la vida hay una "Olga", por lo demás me ha encantado.

Varios pequeños detalles que he visto en Media Vida, es como la autora empieza con un objeto y termina con el mismo. Como Care, ha jugado a entremezclar pasado y presente, y también ha jugado a contar de un personaje y otro una pincelada, guardándose para el final a Julía.
Me ha gustado el peso de las madres sobre todo la de Marta y Olga, y como se sacrificó en "pro" de una vida mejor, aunque con eso significase el enterrar la vida pasada.

Es una novela con la que te invade la ternura, sobre todo con el personaje de Lola, que personalmente, para mí es la más noble, y la que siempre ha sido amiga de sus amigas.
Pero también es una novela de supervivientes como Julia.
Care Santos, nos regala un libro que cierras con una sonrisa de oreja a oreja por ese final.

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