Dinamarca, 1940.
En un vagón de tren con destino a Dinamarca, tres hermanos alemanes huyen de la guerra que ha estallado en Europa. Karan, la mayor de los tres, ha prometido a sus padres, a quienes deja atrás, que hará todo lo posible por mantenerlos a salvo. No será fácil, Annemette solo tiene cuatro años, y Joren, de catorce, es tan especial que el mundo no lo comprende.
Será un camino difícil y una lucha constante de Karan para cumplir su promesa y sobrevivir. No obstante, el destino le hará encontrarse con Derek, a quien la adversidad y la oscuridad no le quitan la sonrisa ni la fe en los finales felices.
Una historia tierna, dulce, y que nos demuestra que, aún en los momentos más oscuros, se puede mantener vivo al amor en todas sus formas.


Segunda Guerra Mundial. Las familias de los países involucrados empiezan a enviar a sus hijos a un lugar seguro, intentando así evitar que sufran las terribles consecuencias de un conflicto bélico. En este caso, se nos conduce hacia un campamento en los bosques de Dinamarca, en un tren en el que viajan un montón de niños, entre ellos nuestros tres protagonistas. Y aunque en teoría los han mandado allí porque todo será más fácil para ellos, la supervivencia resultará bastante complicada y surgirán varios inconvenientes que harán que Karan, la hermana mayor, se vea obligada a tomar decisiones muy complicadas.

Lo primero que me atrapó de Un día de invierno es su ambientación. Y no me refiero solo a los escenarios, que te transportan de inmediato a caminar por los fríos bosques daneses y su pueblitos. Sino por el ambiente en sí, por la incertidumbre, por la tensión, por el miedo, por el silencio, por el frío y por esa sensación que flota alrededor de todos los personajes de no saber qué va a pasar ni qué deben hacer para sobrevivir.

Para mí, esta ha sido una novela de personajes, más que de trama. Es decir, la trama en sí no es algo complejo ni espectacular, pero es que los personajes le dan vida de una manera que la convierten en una novela maravillosa. De hecho, incluso la guerra queda en segundo plano la mayor parte del tiempo, como un escenario más, como una excusa para presentarnos a un grupo de personajes de esos que permanecen con el lector mucho después de haber cerrado el libro. Y es que todos ellos tienen un gran peso en la historia, todos; no creo que haya ninguno que esté metido solo por hacer bulto. Cada uno tiene su historia detrás, su carácter, sus circunstancias, sus sentimientos y su forma de enfrentarse a la realidad. Me gustaría hablar de todos ellos, pero me parece que va a ser imposible. Aunque no puedo dejar de mencionar a Joren, el hermano mediano, porque es imposible no quererle y porque nos enseña muchas cosas sobre el modo injusto que tiene la sociedad de juzgar a las personas; me ha hecho sufrir una barbaridad.

Ya lo sabía, porque había leído otras cosas suyas, pero Paula Gallego maneja una pluma cuidadísima y que transmite tanto que enseguida consigue que te metas en el libro. Las descripciones que hace son preciosas y aunque en ocasiones el ritmo se me ha hecho un poquito lento, merece la pena para poder disfrutar un poco más de los paisajes y de los gestos de los personajes.

Aunque es una historia dura, también contiene muchos momentos tiernos y entrañables. Y nos deja una puerta entreabierta hacia la esperanza, que el lector puede elegir abrir o no. Pero de lo que no cabe duda es de que es un canto al amor en todas sus vertientes y al poder que tiene por encima de todo lo demás, incluso en los momentos más negros.

Un día de invierno ha sido una lectura que me ha gustado muchísimo, que me ha hecho llorar y sonreír, además de dejarme conocer a unos personajes maravillosos. Muy recomendada.

—Opinión de Inés Díaz Arriero—


1 comentario

  1. Tiene muy buena pinta. Perfecto para leer en estas vacaciones. Un saludo, Annabel =)

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