“¿Acaso una vida no puede tener huecos? Esos saltos sorprendentes, esas irregularidades... todo aquello que lógicamente no aparece en una obra de teatro”, exclama el cómico Feuerbach. Bajo la batuta del director Antonio Simón, Yo, Feuerbach se presenta como un bello e intenso espectáculo sobre las crisis sociales y personales que nos obligan a reinventarnos. Pedro Casablanc asume uno de los mayores retos de su carrera en la piel de un actor en decadencia; un artista maduro con grandes cualidades, pero con algún episodio oscuro en su pasado que le ha llevado a encontrarse sin trabajo. Un abismo generacional se levanta entre él y su joven antagonista sobre las tablas, un joven e inexperto ayudante de dirección que acaba de llegar al mundo del espectáculo, encarnado por el actor Samuel Viyuela González. Dos épocas y dos maneras diferentes de hacer se enfrentan así en escena.Desde el patio de butacas somos testigos de la pesadilla de un actor que envejece. Lograr un papel parece ser la única clave para su supervivencia. La genialidad y la locura están emparentadas en un personaje que es cómico y trágico al mismo tiempo. Yo, Feuerbach, no es, por tanto, solo un texto que habla de la creación, del arte del actor y de la representación, sino sobre todo en la vida, el aprendizaje, el amor, la gratitud, la misericordia, la empatía, la fragilidad y la diferencia.
He tenido que dejar reposar mi opinión de esta obra de teatro, me encantó, pero me era muy difícil 
escribir de lo que vi, una obra de teatro apasionante con un Pedro Casablanc único que no hace más que sorprender al espectador y que nos muestra la voz de la experiencia.
A su lado un Samuel Viyuela, bastante verde en lo que la profesión se refiere, distante, con ganas de comerse el mundo, pero que se encuentra con una piedra en el zapato, pero que en algún momento llega a ser su zapato perfecto, por lo interesante que cuenta, por la pasión que denota y por como lanza preguntas al aire.
Feuerbach, aparte de ser la voz de la experiencia, es llegar al teatro a esperar a realziar su prueba, y convertirse en muchos personajes, a veces es Feuerbach, a veces no, a veces es otro personaje.
Pedro Casablanc, hace que descubramos la fragilidad de su personaje, pero a su vez la fortaleza, su luz y su oscuridad, no sé como habrá hecho para introducirse en Feuerbach, y no sucumbir, o dejarse arrastrar por él, y por todas las capas y huecos que vemos, que no vemos y que sabemos que están ahí, pero que como espectadores nos dejamos llevar.

Yo Feuerbach, es una obra en apariencia sencilla, con un planteamiento para nada sofisticado, pero cuando te empiezas a dar cuenta ,de que el juego de luces que se encienden y se apagan, se vuelve más fuerte y menos fuerte, es un personaje más de la obra y van a ir marcando como se encuentra ,Feuerbach, su estado de animo...me ha parecido soberbio.
Samuel Viyuela, que llama la atención que solo sea "el ayudante del director" y no sepamos su nombre, son pequeños detalles, que a lo mejor son insignificantes, pero cuando terminas de ver la obra, en tu cabeza hace "click" y empiezas a ordenar ideas.

Me encanta el teatro, pero no me asomo a este arte, con afán de ser una gran crítica, y sé algunas cosas o me fijo a veces, en cosas que pueden parecer tonterías, pero como os he dicho, intento dar mi humilde opinión, que habrá quien se fije en unas cosas y no en otras...pero para que lo sepáis, porque esta obra de teatro, es de las más complicadas que se me han presentado.
Diréis o pensaréis  ¿ Pero son dos personajes? Si, lo son, pero como se conocen, como van sintonizando a veces y en otras ocasiones Feuerbach, es siempre el que corta digamos ese diálogo, para centrarse o enseñar al espectador quien ha sido en el pasado.
Para que Feuerbach, calé más en el espectador, es sarcástico, divertido, alegre, pero lo que de verdad esconde es tristeza, es rabia, es pasión y ganas por demostrar que pese a los años que ha pasado en silencio y en el olvido, sigue siendo grande.
Para contraponer, como os decía antes "el ayudante de dirección" es joven, tiene ansias de aprender, es curioso, pero le falta experiencia, le falta templanza...
Por lo que estos personajes, no serían lo mismo y no existirían uno sin el otro.

Maravillosa lección la que nos da Pedro Casablanc, sobre el escenario, una hora y media, e incluso más, ni sé cuanto duro, porque como me absorbió tanto, ni me fije, pero sea lo que sea. Pero el ver como lleva los giros, como nos sorprende recitando en otros idiomas, o como nos atemoriza, o nos hace reírnos con sus insensateces...es algo único e irrepetible de ver.
Samuel Viyuela y Pedro Casablanc , creo que son la pareja teatral de la temporada.

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